La antigua Roma

I. Introducción

El imperio romano fue el mayor y más importante, imperio de occidente, de el desciende: desde el derecho, al alcantarillado de las ciudades, pueblos, etc. Fue gobernado por innumerables emperadores con grandes dotes y potencial, como: Julio Cesar o Trajano. Pero también lo controlaron innatos en el arte de gobernar, como: Nerón, que consumió a Roma en el caos durante su reinado.

Roma comenzó su historia con una aldea formado por algunas tribus agrupadas cerca del río Tíber, en la zona de la región del Lacio conocida como los siete cerros. El historiador romano Tito Livio fecha estos acontecimientos el año 753 a. de C. Pero la historia y la fantasía se mezclaron. Así, la leyenda cuenta que los gemelos Rómulo y Remo, fueron abandonados al rio Tíber, y amamantados por una loba, Luperca. Cuando crecieron, quisieron fundar una ciudad al lado del rio Tíber. Seguramente no se esperaban que después de 800 años, más o menos, Roma se convirtiera en el mayor imperio jamás visto de occidente.

II. roma histórica

II.I. origen legendario de roma

La leyenda

Dioses y sacerdotisas

Marte tuvo dos hijos con Rea Silvia. Amulio mandó a un siervo a matar a los recién nacidos gemelos. Pero el siervo los puso en una bolsa que dejó en el Tíber, para que fuesen arrastrados. Los gemelos fueron transportados por el río y arribaron a las orillas de un lugar. Aquí fueron salvados por una loba, Luperca, que los amamantó. Cerca, en una vivienda muy pobre, vivía un viejo pastor llamado Faustulo y su esposa Aca Larentia. El pastor encontró a dos bebés, los llevó a su casa, y los adoptó. Cuando se hicieron adultos, los hermanos fueron informados de su historia, y el pastor les dijo que no los habían tenido, así que regresaron a Alba Longa, mataron a Amulio, y liberaron a su abuelo Numitor, devolviéndolo al trono. Rómulo y Remo se propusieron edificar una nueva ciudad en el mismo lugar en el que fueron encontrados por la loba. Decidieron que uno construiría el pueblo mientras que el otro ayudaría. Así que empezaron a preguntarles a los dioses, para informarse quién iría a dirigirla. Rómulo se fue a la cima del monte Palatino; Remo a la cima del Aventino. Rómulo se convenció de que él había sido seleccionado por los dioses ya que recibió el augurio que fueron un círculo de aves sobre él, así que tiró su lanza en el monte para encontrar el lugar; cuando estaba en la tierra, la lanza (la cual era de madera) inmediatamente se convirtió en el Corniolus, el árbol sagrado de Roma. Para la fundación siguieron los ritos tradicionales de su época para fundar ciudades. Con la ayuda de una vaca y un toro blanco, usó un arado para trazar la cerca de la ciudad. Remo saltó sobre el surco, violando la muralla, lo cual era una especie de sacrilegio que fue la primera pena capital del homo sacer (que era el castigo por pasar), pues la muralla se trazaba desde el primer momento para ser inviolable. Y de acuerdo con la tradición, Rómulo lo mató a espada, para que los dioses no permitieran que en el futuro la muralla fuese violada de nuevo. Rómulo fue el primer rey romano, y reinó hasta que desapareció durante una tormenta, llevado por su padre Marte, según la leyenda.

Evolución de la leyenda

Mientras que el cuerpo principal de la leyenda ha permanecido más o menos el mismo desde su creación, algunos detalles han cambiado, principalmente para juntar las ligeramente divergentes versiones y corregir varios puntos en cuanto a tiempo y geografía. También las antiguas leyendas locales, poco a poco fueron elaboradas para alcanzar armonía con la historia principal. Los efectos de estas intervenciones sobre la leyenda son considerablemente evidentes.

Una de las más tempranas versiones (del siglo V a. C.) es la del griego Helánico de Lesbos, y generalmente es reportada junto con la versión de Damastes de Sigeo. En esta versión, el fundador del pueblo fue Eneas. Estas versiones sobrevivieron hasta el 509 a. C. (año considerado en el que comienza la república romana), cuando fue percatado que, como habían existido 7 reyes romanos y Rómulo fue el primero, existía un hueco entre el siglo VIII de los primeros reyes y el siglo XII de la caída de Troya. Así que como Rómulo no podía ser hijo de Iulo, sólo quedaba como un distante descendiente. El tiempo entre Iulo y Rómulo fue “llenado” con la serie de los reyes de Alba Longa. Eneas pudiera haber llegado a las costas del Lacio durante el reinado de Latino (rey de los latinos), para poder llegar a un acuerdo con las leyendas locales. Entonces Marte tenía que ser añadido para poder honrarlo, así que Rómulo se volvió un descendiente (por parte de padre) de Marte, mientras que por parte materna Rea Silvia estaba conectada con Eneas mediante la dinastía de Alba Longa. La condena de los hijos de Rea Silvia es sólo una de las varias recolecciones de leyes divinas, de la religión que tan profundamente entró en la vida romana.

Los itálicos

Entre los itálicos, como el relato en la Teogonía de Hesíodo, los dos hermanos Agrio y Latino eran los hijos de Telégono, el cual era hijo de Ulises y la bruja Circe (a la cual se le dedica el monte Circeo, ubicado en Latium sureño, donde un culto era celebrado en su honor y se suponía que estaba su cueva). Los latinos: Saturno había sido reemplazado por su hijo Jove, así que bajó a la Tierra y se mezcló con los latinos. Después, Evandrus llegó a Latium mediante Arcadia, y luego Hércules llegó a liberar estas tierras de la amenaza del gigante Cacus. Finalmente Eneas llegó de Troya, después de aventuras atrevidas y fundó Roma. Notablemente en esta versión los latinos no fueron creados o de cualquier otra forma asistidos por los dioses, sino que el pueblo fue fundado por Eneas en la presencia de estas “autoridades”.

La fecha de la fundación de Roma

Durante la República Romana, varias fechas fueron dadas para la fundación de la ciudad, todas en el intervalo entre 758 a. C. y 728 a. C. Finalmente, bajo el Imperio Romano la fecha sugerida por Atticus y Varro, (753 a. C.) fue acordada, pero en fasti capitolini el año dado fue 752. Mientras que los años variaban, todas las versiones estaban de acuerdo en que la ciudad fue fundada el 21 de abril, un día santo dedicado al sagrado culto de Pales, diosa de los pastores; en su honor, Roma celebraba el parritta (o palilia).

El nombre de Roma

El nombre del pueblo se considera generalmente que se refiere a Rómulo, pero hay otras hipótesis. Una de ellas se refiere a Roma, que sería la hija de Eneas o Evandro. También puede rastrearse un origen etrusco, que apuntaría a la gens etrusca Ruma, o a Rumon, nombre etrusco del río Tíber. Estudios recientes parecen darle preferencia a una raíz de origen indoeuropeo con significado de “río”; Roma en ese caso significaría “el pueblo sobre el río”. Hay otra versión, la de Romulo y Remo, que cuando Rómulo y Remo se enteraron de la verdadera historia de su nacimiento, mataron a Amulio y restauraron en el trono a su abuelo Numitor. Abandonaron Albalonga y decidieron fundar una ciudad en el sitio donde fueron encontrados. Rómulo trazó el contorno de la ciudad con un arado y juró que mataría a quien franqueara las imaginarias murallas de Roma. Su hermano Remo pensó que la amenaza de Rómulo no se haría efectiva y cruzó la línea. Rómulo mató a su hermano y se convirtió en rey de la nueva ciudad. Cuando los dos hermanos fundaron Roma, su madre adoptiva resplandeció como símbolo de la ciudad y expresión simbólica del valor y las garras destructoras del imperio romano. En la Lupercal, fiesta romana de la fertilidad, se honraba a la maternal loba mítica.

Roma es también llamada “urbe”, y este nombre, que después en latín significaría genéricamente cualquier otro pueblo, proviene de “urvus”, la ranura cortada por un arado, aquí, por la de Rómulo.

Sobre el monte Capitolino, a mediodía, el 21 de abril de cada año, una campana especial llamada la patarina suena del Campidoglio para conmemorar la fundación de Roma. En esa ocasión, el famoso cañón de Gianicolo permanece silencioso, el único día del año en que no suena.

La teoría

En la época inmediatamente anterior al siglo VIII a.C., cuando todavía no había sido fundada Roma, había  en la Italia central tres pueblos que habían ido llegando en migraciones sucesivas y que coexistían con otros que estaban ya establecidos en la Península. Los más antiguos eran los latinos, de los cuales la región tomó el nombre de Latium. Procedían del centro de Europa, como otro pueblo que llagó posteriormente y al que pertenecían, entre otros grupos, los sabinos. Finalmente, estaban los etruscos, cuyo origen sigue siendo muy discutido entre los historiadores; eran un pueblo de elevada cultura, con una organización social y política superior a la de los demás grupos humanos de la época. De estos tres pueblos han quedado huellas, en una medida u otra, en las instituciones, en las costumbres, en el idioma y en los monumentos.

Los pueblos latinos y sabinos vivían en aldeas (los pagi) independientes, siendo la ganadería y la agricultura sus ocupaciones básicas. Actualmente se estructura social no se consideraría ya organizada según el modelo del grupo sometido a la autoridad soberana del paterfamilias, pudiendo hablarse de un cierto sistema democrático o paritario, sean cuales fueren los poderes que en determinados momentos detentaron los patres en la comunidad. Con el paso del tiempo se formaron confederaciones entre los diferentes pagi, ya sea por la existencia de tradiciones comunes (de tipo religioso principalmente), por intereses económicos (repartición de pastos, comercio) o por razones de defensa contra amenazas exteriores. A medida que estas aldeas fueron poblando las colinas circundantes se acentuó la tendencia confederativa, siendo célebre la asociación de pagi llamada Septimontium (grupo de aldeas asentadas en los montes Palatino, Esquilino y Celio.

Sin embargo, no puede afirmarse que la formación de la civitas latina haya surgido como mera ampliación o reforzamiento de estos vínculos, con la absorción gradual de las poblaciones circundantes, ya que, en expresión de L. Capogrossi, «el proceso de transformación es indudablemente mucho más complejo y rico en claro-oscuro».

En cuanto a la fundación de Roma, se considera sin base histórica la leyenda que atribuye este hecho a Rómulo y cuyos ritos describe Plutarco en el célebre pasaje siguiente: «Después de haber sepultado a su hermano Remo y a sus padres juntamente en la Remoria, sobre el Aventino, Rómulo se puso a construir la ciudad. Había hecho que viniera de Etruria varios hombres para enseñarles con detalle los ritos y fórmulas que decían seguir, como si se tratara de una ceremonia religiosa. Hicieron escavar, en el lugar llamado hoy el Comitium, una fosa circular en la que se depositaron las primicias de todas las cosas cuyo uso está legitimado por la ley o que hace necesario la naturaleza. Finalmente, cada uno de ellos arrojó allí un puñado de tierra traída del país de que procedían. A esta fosa se dio el nombre de mundus. En torno a este centro se trazó luego el perímetro de la ciudad, dándole la forma de un círculo. El fundador, habiendo puesto en su carro una reja de arado de bronce, unce al mismo buey y una vaca y va abriendo un surco profundo sobre la línea circular que había trazado antes… Esta línea es la que marca el contorno de las murallas. Lleva el nombre de pomerium, palabra que quiere decir detrás o después de las murallas…».

No hay acuerdo entre los investigadores a propósito de so fue la fundación de Roma debe atribuirse a los etruscos o bien éstos únicamente llagaron a dominar algún tiempo sobre una ciudad latina ya preexistente. Algunos entienden que es preferible la primera hipótesis. Arangio-Ruiz, por ejemplo, considera  razonable admitir que fueron los etruscos quienes introdujeron en Italia el modelo de ciudad-estado, mientras que los pueblos latino y sabino habrían permanecido durante mucho más tiempo en la fase de aldeas (pagi) confederadas. Al avanzar hacia el Sur, los etruscos habrían atravesado el Tíber y fundado la ciudad-estado de Roma, dándole una nueva organización política; en ella se habrían integrado luego otros pagi, además de los que ya formaban parte de la loga del Septimontium, aunque es difícil precisar la fecha exacta en que tuvo lugar esa importante transformación. Otros historiadores observan que el hecho de que la tradición hable sólo de dominación etrusca no puede dejar de tener su valor y significado. Supuesta la preexistencia de comunidades latinas, incluso en el Septimontium, no se ven razones que impidan aceptar otra interpretación histórica, a saber, que la amenaza etrusca movió a los pagi de los latinos asociarse entre sí para ofrecerles resistencia; esta experiencia pudo animarlos a intensificar sus relaciones, a crear una comunidad política más fuerte y estable.

Esto supuesto, parece aceptable el punto de vista de quienes consideran la fase latino-sabina como «la época en que se pusieron las bases de la que sería liego la Civitas Quiritium en sus estructuras caracteristicas» (Guarino), aunque se trataba de una comunidad muy elemental, cuya vida social y económica giraba en torno a las familiae y otros organismos menores (tribus, curiae, clientes…). A partir del siglo VI a.C., el protagonismo en la organización de la comunidad correspondió ya a los etruscos. A ello se debieron fundamentalmente las nuevas orientaciones y transformaciones que fueron produciéndose en la organización de la civitas, en las instituciones políticas, en el ejército, en el culto, en la economía y el comercio, en el proceso de urbanización, en el idioma. A través de ellos, en particular, la cultura griega, con la que habían estado en estrecho contacto dejó sentir su influencia, como ya había acontecido en otras zonas del Mediterráneo al establecer los griegos sus colonias y entrar en relación con los diferentes pueblos. Pero tal influencia griega sobre Roma, en esta época arcaica de su historia, debe considerarse limitada y supone sólo, como subraya Kunkel, una recepción de elementos culturales aislados, a diferencia de la mucho más profunda helenización de Roma que tendrá lugar en algunos siglos más adelante.

Refiriéndose en particular a la influencia de los etruscos en el ordenamiento romano, Frezza hace notar que si bien es indudable que dejaron su huella en él, sería excesivo afirmar que ha sido una creación suya. Lo que verdaderamente tuvo importancia, según este romanista, fue el hecho de que el rex tuviera la unidad de mando y pudiera intervenir fuera del campo de la res militaris y de los sacra, decidiendo en las controversias entre los particulares. De este modo, aunque la pertenencia intrínseca de la iurisdicto al imperium no es un concepto cuya creación deba atribuirse a los etruscos, el ejerció de ese imperium contribuyó de hecho a ampliar y consolidar los límites de su ampliación y, como consecuencia, a clarificar la noción y concepto de mismo. Al estudiar las características del régimen monárquico, durante la dominación etrusca, en este periodo tuvieron lugar muchos cambios importantes.

II.II. La época Monárquica

I. Introducción:

En primer lugar, una noción de Monarquía, a la que continúa la emancipación de los siete primeros reyes romanos, partiendo de Rómulo, quién fuere el primer rey fundador; hasta llegar a Tarquino, el ” soberbio “, quién ha llevado adelante un gobierno tiránico y que consecuentemente de los abusos que comete es destituido dando lugar así a la República.

En segundo lugar, he realizado una visión general acerca de la organización social primitiva: la familia, la gens, las civitas; junto con la organización política

II. Monarquía

La monarquía es la etapa institucional de Roma que se extiende desde su fundación por Rómulo, el primer rey, hasta la caída de Tarquino, el soberbio, en el año 509 A. de C.

La poesía épica y la historiografía latina nos dan de los orígenes y primeros siglos de Roma una versión en que abunda el elemento legendario (especialmente en el tema de la fundación de la ciudad).

III. Reyes romanos

Siete reyes habrían existido en el período monárquico:

I. Rómulo (753-715 A. de C.) de existencia dudosa, fue quien según la leyenda habría fundado Roma junto con su hermano Remo a quien le dio muerte. El reinado de Rómulo no era más que un mando militar y tratando de los intereses comunes en un consejo de 100 hombres que se llamó senado.

Proyectó y llevó a cabo el rapto de las doncellas sabinas y de otras ciudades para acudir a las fiestas de Neptuno organizadas por él. Esto irritó a los pueblos comarcanos que tomaron las armas, Rómulo estuvo casi siempre en guerra con países vecinos y consiguió muchas victorias.

Tenía un gran poder despótico, por lo que el senado lo odió y le dieron muerte y destrozaron su cadáver.

II. Numa Pompilio (715-676 o 672 A. de C.) a quien se le atribuyó la introducción de muchas costumbres religiosas; fue quien estableció el Estado sacerdotal en el Estado Romano.

III. Tulio Hostilio (673-641 A. de C.). Según Tito Livio después de Numa los senadores eligieron a Tulio Hostilio quien fue más belicoso que el mismo Rómulo.

Declaró la guerra a los Veyes y reclamó el auxilio de los albanos pero estuvo a punto de perder la batalla por que los albanos estaban dirigidos por Meto Fusio, entonces Tulio se vengó de él haciéndolo descuartizar tirado por dos caballos y mandó a destruir Alba y que sus habitantes sean trasladados a Roma.
Luego se hizo supersticioso, pero atrajo la cólera de Júpiter que le mató con un rayo a los 32 años de su reinado.

IV. Anco Marcio (641-616 A. de C.): nieto de Numa e hijo de una sabina. Fue elegido por el pueblo y confirmado en su puesto por el senado.

Auxiliado por los etruscos, luchó entre los latinos, veyentinos, sabinos… a quienes derrotó; aumentó con ellos la población de Roma y les dio el derecho de ciudadanía, sabía política iniciada por Rómulo y que contribuyó al engrandecimiento de su patria. Desde entonces lleva ésta el nombre de ciudad de las siete colinas, por la incorporación a su recinto de los montes Aventino, Capitolino, Celio, Esquilino, Palatino, Quirinal y Viminal. Así Roma llegaba al mar.

Construyó templos, explotó las salinas inmediatas, fortificó el Janículo, edificó una cárcel, el acueducto, el puente sublicio sobre el Tiber y el puerto de Ostia (640 A. de C.) abriendo así para los romanos el comercio con Sicilia y Cártago.

Según algunos historiadores él habría intentado restablecer en Roma el olvidado culto a los dioses.

Anco Marcio estableció la clase plebeya entre sus prisioneros latinos asentados en la colina del Aventino.

También construyó una prisión para delincuentes pública por lo tanto se podría pensar que hizo distinciones entre delitos públicos y privados.

A estos cuatro primeros reyes se les atribuye la iniciación de la expansión exterior que habría culminado con la caída de Alba Longa.

En el siglo 7 A. de C. Se produce la conquista etrusca cuando:

V. Lucio Tarquino Prisco (616-578 A. de C.). Nació en Etruria, fue hijo de madre etrusca y padre extranjero.

Se cuenta que al entrar a Roma un águila le arrebató el sombrero y después de remontarse por los aires, lo volvió a poner en su cabeza por lo que fue considerado que tenía de su parte a los Dioses. Al momento tuvo el rango de senador y los clientes que llevaba consigo fueron ciudadanos romanos y formaron una tribu.

Su riqueza y generosidad lo hicieron muy popular. Su reinado es el de verdadero reformador. Reformó el orden ecuestre, engrandeciendo el poder en Roma.

Obligó a Etruria a aceptar sus leyes.

Hizo grandes obras de embellecimiento y de utilidad en Roma: hizo de piedra la muralla de la ciudad, hizo cloacas para llevar al Tiber las aguas de las siete colinas, y para sanear la parte baja de la ciudad, empezó la construcción del Circo Máximo y emplazó en la cumbre del Capitolino el templo Capitolio, que fue el templo de la deidad romana de Júpiter.

Dos campesinos lo asesinaron estando ante el tribunal administrando justicia.

VI. Servio Tulio (578-534 A. de C.). Su padre era un noble de Corniculum que fue cuando los romanos se apoderaron de aquella ciudad, su madre que estaba embarazada fue llevada cautiva a Roma y entregada a Tanaquil, esposa de Tarquino el antiguo.

Servio nació en el Palacio y fue educado como príncipe, cuando tuvo la edad conveniente, Tarquino le dio su hijo en matrimonio.

Al morir Tarquino, lo proclaman rey a Servio. Su gobierno fue muy tranquilo.

Servio fue más notable por las obras que hizo en el interior que por la construcción que dio a los romanos.

Estableció entre los latinos y los romanos una liga que tuvo por centro el templo de Diana en el Aventino.

El favor que dispensó a los plebeyos excitó celos en los patricios. Lucio Tarquino, que era el mayor de los nietos de Tarquino el antiguo, quiso ganar el trono de su abuelo. Ayudado por su mujer, Tulia, hija de Servio, tramó una conjuración en la que tomaron parte varios patricios quienes asesinaron al rey al salir del senado. Tulia hizo pasar su carro sobre el cadáver de su padre.

La constitución de Servio no se escribió, o al menos se perdió el texto.

Reforma de Servio tulio a causa del crecimiento de la población romana aumentó el plebeyado, ésta no tardó en hacer sentir su gravitación en la vida de la ciudad, por lo tanto los reyes comenzaron a hacer concesiones a su favor.

Tulio Hostilio y Anco Marcio fueron los primeros que otorgan concesiones de tierra a los plebeyos, Tarquino, el antiguo realiza una fusión de elementos nuevos dentro del Estado, quiso asimilar las dos castas opuestas de la población, pero por la oposición patricia debió limitar su reforma. Él aumentó el número de senadores con personas que formaban parte de las tribus plebeyas secundarias, eran los “patres minorum gentium”, mientras los patricios eran los ” patres maiorum gentium”.

Pero estas concesiones no solucionaron el problema social, más bien la ahondaron. A causa de esto, el rey Servio Tulio llevó adelante reformas a la antigua organización gentilicia basada en los orígenes, por una división de acuerdo a las fortunas de cada ciudadano.

Esta reforma facilitó la participación en la vida ciudadana no solo del plebeyado sino también de individuos cualquiera fuera su rango que ocuparan ellos o los antepasados de su país natal.

Servio Tulio creó el censo: “census” que era un registro en el que los jefes de familia debían inscribirse, anotar las personas de su familia y sus bienes. Éste debía realizarse cada cinco años y servía para conocer la población de Roma y la fortuna de los ciudadanos. Con el censo se distribuyó al pueblo en clases, basado por las riquezas de cada persona, y así se forman las centurias.

Servio Tulio divide a la población en cinco clases:

1ro. Ciudadanos que poseían 100.000 ases.

2do. Ciudadanos que poseían 75.000 ases.

3ro. Ciudadanos que poseían 50.000 ases.

4to. Ciudadanos que poseían 25.000 ases.

5to. Ciudadanos que poseían 11.000 ases

De esta forma él aplicó el tributo del que quedaban exentos los ciudadanos que no llegaban ni a la 5ta. Clase.

Los contribuyentes se llamaban asidui; los no, proletarii y capite censi los que tenían menos de 1.500 ases.

Los asidui tenían la obligación de prestar servicio militar, los proletarii también, pero como soldados suplementarios.

Cada clase tuvo un número de centurias:

1ra. 80 centurias.

2da. 20 centurias.

3ra. 20 centurias.

4ta. 20 centurias.

5ta. 30 centurias.

De la primera clase procedían 18 centurias de caballeros. Entre la primera y segunda clase, dos de ingenieros, uno en el campo y otra de seniores en la ciudad. En la quinta, dos centurias de músicos y una de soldados reservados no armados. En total eran 193 centurias.

En cada clase la mitad de las centurias eran de inniores y la otra de seniores. El número de estos últimos en cada centuria era menor que el de los iuniores de su misma clase.

La reforma serviana tuvo por consecuencia una nueva asamblea popular:

Comicios centuriados se supone que en un principio comprendieron a 100 individuos, pero luego no tuvieron un contenido fijo, se supone que el número debe haber crecido.

Al principio los ciudadanos de las centurias deben haber sido convocados para recibir comunicaciones sobre problemas de la defensa y otros importantes asuntos, hasta llegar a un sistema orgánico de consulta por medio de la votación. Así se fue considerando atribución propia de los comicios centuriados la declaración de hostilidades, tratados de paz, de alianzas, concesión de ciudadanía, fundación de colonias, organización de los poderes públicos, etc.

También han nacido las atribuciones electorales. Este tipo de comicios se organizaba en forma diferente que los curiados ya que sus decisiones estaban dados por el voto de las centurias y desaparece la base religiosa.

En éstos se mantuvo la hegemonía de los patricios porque al corresponder votar en primer término a las 18 centurias de caballero y a las 80 de la primera clase, ambas hacían la mayoría; y además como era llamado a votar en primer término, y el acto se interrumpía cuando se había llegado a un pronunciamiento mayoritario de 97 votos, podía ocurrir que ni siquiera la segunda clase fuera requerida para el voto.

VII. Lucio Tarquino, el “Soberbio” (534-510 A. de C.). Es el séptimo y último rey. Tito Livio dice que fue hijo de Tarquino Prisco.

Estuvo casado con una hija del rey Servio Tulio a la que asesinó y aprovechando las turbulencias de la plebe y los odios de los patricios en los últimos años de Servio Tulio atrajo gran número de prosélitos.

Un día se trasladó con ellos al foro y se proclamó rey, acudió Servio Tulio sin soldados y Tarquino se precipitó por las escaleras donde Servio Tulio fue asesinado por secuaces del usurpador.

Aunque la monarquía era electiva en Roma, Tarquino no se hizo elegir por el senado ni por el pueblo, prescindiendo en su reinado de las leyes y costumbres.

Sostuvo guerras y firmó tratados sin consultar al senado y procuró evitar la reunión de las curias.

Fue enemigo de la aristocracia a la que le confiscó sus bienes.

En la ciudad terminó las cloacas que habían sido comenzadas por Tarquino Prisco y construyó el Capitolino.

Tarquino era aborrecido, como todos los déspotas dictó medidas violentas. Pero pronto todo se convirtió en motivo de acusación contra Tarquino: los impuestos excesivos, las guerras continuas, los trabajos no interrumpidos, todo esto preparaba una revolución que se levantaría contra este rey.

La vista del cadáver de Lucrecia, quien se había asesinado por la violación de un hijo de Tarquino fue el colmo. El pueblo se amotinó y el senado dictó contra el rey un decreto de destitución.

Tarquino que se encontraba en Ardea, se trasladó a Tarqui y envió a pedir a Roma la restitución de sus bienes, los partidarios de Tarquino tomaron una conspiración de la que formaron parte los hijos de Bruto, pero el complot fue descubierto por el senado que castigó a los integrantes y repartió los bienes de Tarquino al pueblo.

Entonces Tarquino se fue a las armas. El senado creó la dictadura y se dio a la batalla del lago Regilo (en 496). Tarquino resultó herido y se refugió en Cumas donde fue protegido por el tirano Aristodemo hasta su muerte.

IV. Etapas de la historia romana:

Podemos distinguir dos etapas en su historia primitiva:

La primera, la de los reyes latinos o sabinos que termina con Anco Marcio y la de los reyes de origen etrusco hasta Tarquino el soberbio en el año 509 A. de C. en que por una revolución se derribó la monarquía y se pasó a la República.

En la segunda etapa aparece La Ciudad que al comercio no fue el lugar destinado a ser habitado en forma permanente sino ocasional, cuando las necesidades de defensa lo imponían.

Su organización se basó sobre los clanes, agrupaciones de familias, cuya constitución tenía significación al punto que los jefes de las familias integraban La Asamblea popular: comicios curiados y los jefes de los clanes: el senado.

Presidía esa comunidad patriarcal el rex o rey que era el órgano ejecutivo de las decisiones de los otros organismos.

La agrupación estaba basada en el vínculo de la sangre.

Así mismo se fueron admitiendo nuevos grupos, aunque no eran admitidos los clanes en sí como entes de iguales derechos que los que la asociación tenía.

Luego se integró la comunidad con el ingreso de individuos aislados, no obstante que las continuas guerras con los pueblos vecinos, hacía cada día mayor el número de habitantes que carecían de todo derecho. Estos sujetos entraron en vínculo de dependencia con integrantes de los clanes, lo que se llamó clientela, los que con el paso del tiempo prosperaron pero no alcanzaban a participar en el gobierno de la comunidad. (Este grupo era el que más adelante constituiría la clase de los caballeros).

Debajo de éstos estaba la plebe, personas de modesta o precaria condición económica que luchaban por limitar la arbitrariedad de los patricios, quienes se convirtieron poco a poco en una oligarquía.

Con las leyes de origen etrusco aflora y se consolida el principio territorial, sobre todo a través de la Reforma de Servio Tulio.

V. Organización social primitiva

I. Gens

Cicerón las difiere diciendo que “pertenecen a la misma gens las personas que teniendo nombre común han nacido de hombres libres y ninguno de sus ascendientes ha padecido servidumbre ni capitis deminutio alguna”.

A causa de falta de antecedentes sobre la naturaleza de la gens se han formado diversas corrientes para dilucidar la cuestión.

Una de ellas explica que las gens eran agrupaciones artificiales creadas por el Estado.

Otras reconocen las gens como una agrupación natural de familias.

La primera sostiene que las gens fue una subdivisión política de la curia efectuada por el soberano.

Se dice que Rómulo dividió las curias en diez decurias (gens).

La otra teoría (sostenida por Fustel de Coulanges) considera las gens como una agregación natural de familias que descienden de un tronco común, estaría basada en la relación de descendencia que une a los integrantes del grupo.

Por otra parte Bonfante, equidista de las otras dos tesis, sostiene que la gens era un núcleo político que precedió a los civitas que podía constituir con sus propios sujetos una gran casa, un municipio. O sea, sería el grupo primitivo constituido con fines de mantenimiento de su orden interno y con fines de defensa pudiendo pertenecer a ella por nacimiento de padre gentil o por ingresar directamente por consentimiento de la Asamblea de los gentiles o indirectamente por haberse agregado a una familia integrante de la gens.

La organización de la gens era similar a la de un pequeño Estado porque: había un gran número de personas subordinadas a la voluntad de un jefe que tenía función de sacerdote, juez, comandante de ejército… y porque las relaciones de sus integrantes estaban reguladas por un derecho especial: el ius gentilitatis. La gens también tenía un culto especial, la sacra gentilicia. Además entre este grupo humano había una unión con fuertes lazos de solidaridad social.

1 Ciceron, Los Tópicos.

II. La familia:

La familia era el núcleo constitutivo de la gens.

Era “la comunidad de personas de uno y otro sexo que descendían por línea masculina y por legítimo matrimonio de un ascendiente común o que se reputaban descender de él”.

Ésta tenía un aspecto público y uno privado. El pater-familias era el supremo magistrado que tenía una autoridad tal que no era superado por otro poder.

Las leyes propias de la familia estaban dadas por los usos y costumbres.

La familia tenía un culto privado: veneraban a sus antepasados considerados como Dios (manes o lares).

En la Roma Monárquica el grupo social presentaba diferencias profesionales entre sus componentes, había una evidente desigualdad de derecho entre la casta superior: el patriciado, y la inferior: el plebeyado. Entre ambas aparece la clientela, que formaba parte de la gens de su patrono.

III. Patricios:

Eran los descendientes de los patres (primeros miembros del senado elegidos por Rómulo). Eran ciudadanos ilustres, jefes de las diferentes gens.

Al patriciado le fue concebido el ius civitalis que en el aspecto político comprendía el

ius suffraggi (participar en las asambleas del pueblo y emitir votos); el ius honorum

(ocupar las magistraturas); el ius militar y el ius ocupandi agrum publicum (posesión de tierras conquistadas).

Abarcaba todo el ius sacrorum, el ius auspiciorum y el ius sacerdotti que les permitía ejercer el culto de los civitas, consultar los auspicios y alcanzar la jerarquía sacerdotal respectivamente.

Dentro de los derechos privados gozaban del ius commercii, para realizar toda clase de negocios jurídicos; ius connubii, para contraer legítimo matrimonio; y ius actionis, para hacer reconocer sus derechos ante la justicia.

* Peña Guzmán y Arguello, “Derecho Romano”

IV. Clientes

Las gens incluían ésta agrupación artificial en condición de dependencia o vasallaje; que ocupaban un lugar intermedio entre patricios y plebeyos

El cliente no gozaba de los derechos de la ciudad sino de una libertad de hecho condicionada a la protección del ciudadano jefe de la gens o pater de familia.

Había un vínculo recíproco entre cliente y patrón de carácter social y ético:

  • El patrono debe protección y asistencia armada y judicial al cliente y en muchos casos le proporciona en precarium tierras para su cultivo.
  • Al patrón el cliente que lleva el nombre de gentilicio, le debe obediencia, apoyo armado y político, y aun ayuda económica en determinados casos como: rescate de cautiverio, dote de la hija, pago de una multa, sufragarle los gastos del culto gentilicio.

El pater tiene jurisdicción sobre el cliente, pudiendo llegar hasta la ejecución capital y derecho de sucesión sobre su patrimonio.

Cliente y patrón no podrán demandarse judicialmente ni declarar en contra. Tampoco el primero podía votar en contra del patrón.

V. Plebe:

Se desarrolló en la medida que fue creciendo la civitas.

Ésta habría sido una derivación de la clientela ya que al crecer la población romana los patricios no pudieron brindarle la protección en carácter de clientes al gran número de personas de la clase baja, entonces se dividió en dos clases inferiores: los clientes protegidos y los plebeyos desamparados.

Otra teoría dice que Rómulo habría dividido al pueblo en dos clases de ciudadanos según el nacimiento, el valor y el patrimonio; ésta es sostenida por Dionisio de Halicarnaso.

Fustel de Coulanges establece que la plebe estuvo compuesta por extranjeros inmigrantes y esclavos manumitidos.

Otros se basan en procesos políticos nacionales que sostienen la dominación de un grupo étnico sobre otro, ej. Zoeller dice que los sabinos constituyeron a los patricios y los latinos a los plebeyos.

La situación de los plebeyos era muy diferente a la de los patricios. Ellos carecían de derecho público y tenían restringidos los derechos privados. Tampoco participaban del culto de la ciudad.

Como el plebeyado comenzó a ser la clase mas constituida, la autoridad real romana trata de ganar su adhesión. Tanto Tulio Hostilio como Tarquino el antiguo dictaron medidas tendientes a mejorar su situación.

A partir de dichos reyes se les otorgaron tierras y se les hicieron concesiones particulares hasta llegar a ejercer la familia senatorial. Éstas reformas parciales fueron ampliadas por Servio Tulio quién llegó a elevar a los plebeyos a la condición de ciudadanos activos.

VI. Organización política:

Se habría configurado como una monarquía que habría reposado en tres instituciones fundamentales: la magistratura, la Asamblea de los patres y la Asamblea popular, encarnadas por el rey o rex que presidía y resolvía, por el senado que aconsejaba y por el pueblo o comicio que discutía y asentía.

“El sistema monárquico de la primitiva organización institucional Romana no alcanzó a tener configuración de las monarquías territoriales de oriente porque si bien el rey tuvo gran preponderancia que ha hecho que esta forma de gobierno se le designe también con el término de reino, en realidad no puede hablarse de una autoridad que concentrara en su persona la suma de poderes sino más bien al encargado de administrar la comunidad y en el que la misma ha visto al hombre digno de ostentar la más alta magistratura”.

I. El Rey:

Estaba investido de la suprema magistratura con carácter vitalicio y ejercía poderes políticos, judiciales, religiosos y militares. Contaba con la asistencia de un grupo de auxiliares.

VII. Sus poderes:

No eran absolutos sino limitados por el comicio, el senado, la gens y la familia.

  • Poderes Políticos: podía convocar y presidir los comicios y designar los miembros del senado. En su ausencia estaba asistido por el prefecto de la ciudad.
  • Poderes Judiciales: tenía jurisdicción criminal para delitos públicos.
  • Poderes Religiosos: tenía el carácter de gran sacerdote, era el intérprete de la voluntad de los dioses y depositarios del culto público. Auxiliaban a los pontífices con la sacra y cuidaban el calendario. Consultaban los augures y auspicios en lo

Peña Guzmán y Arguello, “Derecho Romano”

  • atinente a la guerra y cuestiones internacionales.
  • El rey era la suprema autoridad militar, tenía el comando de los ejércitos en tiempos de guerra.
  • Potestad legislativa: ha existido en el ámbito del derecho público, estuvo a cargo del ordenamiento de las civitas. El derecho privado estaba reservado a la gens y sustraído a la autoridad real

La monarquía romana no era hereditaria ni tampoco electiva como lo señalan quienes pretenden atribuir a los comicios la facultad de elegir al rey, y al senado la de ratificar la elección a través de la patrum auctoritas.

El principio genuinamente romano fue el de la designación del predecesor, el rey saliente es quien nombraba a su sucesor. En caso que el soberano no haya realizado la elección tenía lugar el interregnum que hacía que los senadores ejercieran el poder real por turno de cinco días cada uno con el título de interrex, que entregaba luego a otro pater y así sucesivamente hasta que reunidos los comicios curiados el interrex de turno proponía un nuevo rex: si era aceptado y los auspicios eran favorables quedaba elegido. Los comicios no tenían intervención sino solo un mero conocimiento de la designación del interrex.

VIII. Caracteres de la monarquía romana:

  • Irresponsable: el rex no está obligado a responder por sus actos.
  • Monocrática: el rex no tiene colegas.
  • Sagrada: todo ataque contra el rex es un sacrilegio.
  • Vitalicia.

IX. El Senado:

Constituía la asamblea de los patres o de los ancianos, que eran los jefes de las gentes.

Sus atribuciones eran de ratificar las decisiones comiciales (patrum autoritas) y evacuar las consultas del rey con respecto a la vida del Estado. Cada senador debía ejercer por turno el cargo de interrex en caso de vacancia del rex, por esto vino a ser copartícipe del poder real.

X. Comicios:

Fue la más antigua asamblea deliberativa, convocada y presidida por el rex. Resultaba formada por la reunión de los miembros de las treinta curias de donde deriva su nombre “comitia curiata”.

Se reunían al pié del Capitolino.

La reunión comenzaba con una ceremonia religiosa. Las resoluciones eran adoptadas por el voto de cada curia. Lo resuelto se daba por la mayoría aun con el voto igual de 16 curias quedaba aprobada la propuesta.

Éstos estaban limitados a pronunciarse afirmativa o negativamente en las propuestas formuladas por el rey, por lo tanto no se admite que los comicios curiados hayan tenido el carácter de órgano legislativo ya que en el período de su actuación el derecho estaba dado por las mores gentilicias, aun las pretendidas leyes regias no son un producto de la asamblea popular sino de la autoridad regia. Tampoco jugaba papel alguno en la elección del rey.

Sus funciones propias eran: las de intervenir en la celebración de determinados actos que tenían relación con la comunidad, como intervenía para la celebración de los testamentos. También decidían sobre la adrogación (un jefe de familia se colocaba bajo la potestad de otro pater). También se reunían las curias para aprobar la cooptatio por la que una nueva gens ingresaba a la comunidad.

En los primeros tiempos los plebeyos no fueron admitidos a las curias. Recién en el año 209 A. de C. por primera vez un plebeyo llega a presidirlas. Los clientes si han concurrido por la llamada lex curiata de imperio reconocían o aceptaban formalmente al flamante rex, luego a los magistrados cum imperio que lo sucedieron.

II.II. La República

La República romana fue un periodo de la historia de Roma caracterizado por el régimen republicano como forma de gobierno, que se extiende desde el 509 a. C., cuando se puso fin a la monarquía con la expulsión del último rey, Lucio Tarquino el Soberbio, hasta el 27 a. C., fecha en que tuvo su inicio el Imperio. La República Romana consolidó su poder en el centro de Italia durante el siglo V a. C. y en los siglos IV y III a. C. se impuso como potencia dominante de la península Itálica sometiendo a los demás pueblos de la región y enfrentándose a las polis griegas del sur. En la segunda mitad del siglo III a. C. proyectó su poder fuera de Italia, lo que la llevó a una serie de enfrentamientos con las otras grandes potencias del Mediterráneo, en los que derrotó a Cartago y Macedonia, anexionándose sus territorios.

En los años siguientes, siendo ya la mayor potencia del Mediterráneo, expandió su poder sobre las polis griegas; el reino de Pérgamo fue incorporado a la República y en el siglo I a. C. conquistó las costas de Oriente Próximo, entonces en poder del Imperio seléucida y piratas. Durante el periodo que abarca el final del siglo II a. C. y el siglo I a. C., Roma experimentó grandes cambios políticos, provocados por una crisis consecuencia de un sistema acostumbrado a dirigir sólo a los romanos y no adecuado para controlar un gran imperio. En este tiempo se intensificó la competencia por las magistraturas entre la aristocracia romana, creando irreconciliables fracturas políticas que sacudirían a la República con tres grandes guerras civiles; estas guerras terminarían destruyendo la República, y desembocando en una nueva etapa de la historia de Roma: el Imperio romano.

República temprana

Antes de la llegada de la República, Roma era una monarquía de carácter electivo. El séptimo y último rey de Roma, Tarquinio el Soberbio, utilizó la violencia, el asesinato y el terror para mantener el control sobre Roma como ningún rey anterior los había utilizado, derogando incluso muchas reformas constitucionales que habían establecido sus predecesores.

Tarquinio abolió y destruyó todos los santuarios y altares sabinos de la Roca Tarpeya, enfureciendo de esta forma al pueblo romano. El punto crucial de su tiránico reinado sucedió cuando permitió que su hijo, Sexto, violara a Lucrecia, una patricia romana. Un pariente de Lucrecia, Lucio Junio Bruto, convocó al Senado, que decidió la expulsión de Tarquinio en el año 510 a. C.

Inmediatamente después de la expulsión del monarca se creó un Senado permanente que decidió abolir la monarquía convirtiendo a Roma en una república en el año 509 a. C. Roma se dotó con un nuevo sistema de gobierno designando para sustituir el liderazgo de los reyes. se creó el nuevo cargo de Cónsul, asignado expresamente a dos senadores. Inicialmente, los cónsules poseían todos los poderes que antaño tenía el rey, pero compartidos con otro colega consular. Sus mandatos eran anuales, y cada cónsul podía vetar las actuaciones o decisiones de su colega.

Posteriormente los poderes de los cónsules fueron divididos, añadiendo nuevas magistraturas que acapararon distintos poderes, menores a los que originalmente poseía el monarca. Las primeras de estas nuevas magistraturas fueron las de pretor, que reunía las potestades judiciales de los cónsules, y la de censor, que poseía el poder de controlar el censo. Lucio Junio Bruto y Lucio Tarquinio Colatino, sobrino de Tarquinio y viudo de Lucrecia, se convirtieron en los primeros cónsules del nuevo gobierno de Roma.

El primer acto de Bruto como cónsul fue obligar a Colatino a renunciar bajo el pretexto de que era un Tarquinio y que Roma no sería libre hasta que todos los miembros de esta familia dejaran la ciudad. Colatino se vio presionado y se mudó al pueblo latino de Lanuvium. Posteriormente, el Senado decretó que todos los Tarquinios debían ser exiliados y el pueblo eligió como nuevo cónsul a Publius Valerius, amigo de Bruto. Aparentemente, nadie tomó medidas contra Bruto a pesar de que éste era pariente más cercano a Tarquinos que el exiliado Colatinono, aunque no portaba el nombre Tarquinio.

La República nació en el año 504 a. C. con la expulsión del monarca de Roma, después de que el poder de los etruscos se debilitara. Los primeros siglos de la República vieron la progresiva conquista de la Italia peninsular por parte de Roma. El instrumento de la conquista, la legión, estaba compuesta por ciudadanos, reclutados en tiempos de guerra. A medida que avanzó en su conquista, Roma utilizó los contingentes de las ciudades dominadas y aliadas como tropas auxiliares. Tras las Guerras Latinas, que otorgaron a la República de Roma el control de todo el territorio del Lacio, los samnitas se opusieron al creciente poder Roma y se enfrentaron a ella en tres conflictos conocidos como las Guerras Samnitas, documentadas por Tito Livio.

Roma venció sucesivamente a los pueblos del Lacio, a los etruscos, a los galos, que se habían instalado en la llanura del Po, a los samnitas y las ciudades del sur de Italia, que pese a la intervención del rey de Epiro, Pirro, fueron conquistadas por Roma entre los años 280 y 275 a. C.

República Romana media

A partir de mediados del siglo III a. C., Roma, que ya dominaba toda la Italia peninsular, inició una larguísima serie de guerras que la llevaron a dominar el mundo mediterráneo. Las Guerras Púnicas marcaron la primera etapa de esta expansión. La ciudad de Cartago, situada en la costa norteafricana, había creado un imperio marítimo que dominaba todo el Mediterráneo occidental, con colonias en Hispania, Baleares y Sicilia, de donde llegó a expulsar a los griegos.

En 264 a. C., Roma decidió ocupar las colonias cartaginesas en Sicilia. Para ello construyó una flota de guerra y tras años de batallas de distinto signo, en 241 a. C. Cartago tuvo que capitular. Roma, tras apoderarse de Sicilia, aprovechó el debilitamiento de su enemigo para ocupar Córcega y Cerdeña, y para penetrar en la Galia Cisalpina. La Segunda Guerra Púnica (218-201 a. C.) se desarrolló en Hispania, Italia, y finalmente en África. La difícil victoria final de Roma supuso la ocupación de Hispania, con sus ricos yacimientos argentíferos. Finalmente, Cartago fue derrotada totalmente, primero política (201 a. C.) y más tarde materialmente (146 a. C.). Su población fue exterminada o esclavizada y su territorio pasó a convertirse en la provincia romana de África.

En el Mediterráneo oriental, Roma se enfrentó sucesivamente a los monarcas de los estados helenos surgidos del imperio de Alejandro Magno: a los reyes macedonios Filipo V en el año 197 a. C. y Perseo en el 168 a. C. en las Guerras Macedónicas, y a Antíoco III de Siria en el año 189 a. C. en la Guerra Romano-Siria. Macedonia, Acaya y Epiro se convirtieron en provincias romanas en el año 146 a. C. Átalo III de Pérgamo legó su reino a Roma en el año 133 a. C., una parte del cual se convirtió en la provincia romana de Asia.

Roma consolidó su dominio de la cuenca occidental del Mediterráneo con el establecimiento de numerosas colonias en la Galia Cisalpina, la definitiva conquista de Hispania (toma de Numancia, 133 a. C.) y la ocupación de la Galia del sur, que, convertida en la provincia Narbonense, permitió la unión terrestre de Hispania con Roma por la vía Domitia.

Estas conquistas comportaron una verdadera revolución económica. El botín, las indemnizaciones de guerra y los tributos pagados por las provincias, enriquecieron al estado y a los particulares. Los miembros de la clase senatorial acapararon las tierras que el estado se había reservado en las conquistas, el ager publicus, y los caballeros administraron la explotación de los bienes públicos -por eso su nombre de publicanos- en la que se entregaron a la especulación.

Pero las conquistas trastocaron también el frágil equilibrio social de la República: los esclavos, cada vez más numerosos, se rebelaron encabezados por Espartaco (73-74 a. C.), muchos pequeños campesinos italianos, arruinados, aumentaron la plebe urbana de Roma, cada vez más susceptible de manipulación demagógica, los habitantes de los territorios ocupados estaban descontentos por la explotación a la que estaban sometidos por sus gobernantes y los italianos deseaban la igualdad con los romanos.

Las instituciones creadas para administrar una ciudad no servían para el nuevo gran imperio. Al mismo tiempo, el gusto por el lujo se introdujo en las costumbres a pesar de las leyes suntuarias y el arte y la literatura se transformaron influenciados por el arte oriental, sobre todo por el arte helenístico.

La República Romana tardía (147 a. C. – 27 a. C.)

Representación de una reunión del Senado romano en la que Cicerón ataca a Catilina (fresco del siglo XIX).

La inestabilidad social debida a los cambios en la estructura social de la República se tradujo en una época de guerras civiles que desembocaron en el fin del propio sistema político y en el Principado. Tanto Tiberio como Cayo Sempronio Graco intentaron reconstruir en vano una clase media de campesinos. La plebe de Roma apoyó a varios personajes que obtuvieron una posición privilegiada por la fuerza; como Mario, que reformó el ejército, o Sila que, tras la guerra contra los aliados italianos que se habían rebelado, otorgó a todos los italianos la ciudadanía romana y restauró durante un tiempo la autoridad del Senado.

La Curia Julia, lugar de reunión del Senado Romano, mandada edificar por César durante su dictadura, tras la destrucción de la Curia Hostilia, por los seguidores de Clodio.

Tras la rebelión de Sertorio en Hispania y los intentos de conjura de Catilina, lo que supuso el principio del fin de la República fue sin embargo el Primer Triunvirato, formado en el año 60 a. C. y renovado en el 55 a. C. por Julio César, Pompeyo y Craso. En cuanto a la historia militar y las conquistas, durante el siglo I a. C., Roma realizó nuevas conquistas, emprendidas por una serie de generales ambiciosos: Mario venció en la Guerra de Yugurta (105 a. C.) y rechazó a los teutones cerca de Aix-en-Provence y a los cimbrios en Vercelli (101 a. C.); Sila venció a Mitrídates, rey del Ponto, y reconquistó Grecia y Asia (88-85 a. C.); Pompeyo conquistó Siria (64 a. C.) y Judea (63 a. C.), y César conquistó la Galia (58-51 a. C.). Tras la victoria de Octaviano sobre Marco Antonio y el reino helenístico de Egipto, la República se anexionó de facto las ricas tierras de Egipto. Sin embargo, la nueva posesión no fue incluida dentro del sistema regular de gobierno de las provincias, ya que fue convertida en una propiedad personal del emperador, y como tal, legable a sus sucesores.

En el año 27 a. C. se estableció una ficción de normalidad política en Roma y el Senado le otorgó a Octaviano el título de Imperator Caesar Augustus. Octaviano aseguró su poder manteniendo un frágil equilibrio entre la apariencia republicana y la realidad de una monarquía dinástica con aspecto constitucional -lo que es conocido como el Principado- en cuanto que compartía sus funciones con el Senado, pero de hecho el poder del princeps era completo. Formalmente nunca aceptó el poder absoluto aunque de hecho lo ejerció, asegurando su poder con varios puestos importantes de la República y manteniendo el mando sobre varias legiones.

La sociedad republicana

La nueva aristocracia romana estaba formada por la antigua aristocracia patricia y los nuevos ciudadanos ricos, en oposición a la mayoría de los plebeyos y a algunos patricios empobrecidos.

Aunque en su origen, los plebeyos estaban bajo el dominio de los patricios, pero tras la caída de la monarquía, éstos obtuvieron mejoras de forma progresiva. Se creó el cargo de tribuno de la plebe y la plebe urbana, élite que se había enriquecido con el comercio, arrebató a los patricios el acceso a las magistraturas y al cargo de Máximo Pontífice y augures. Las reuniones de la plebe, los concilia plebis, fueron el origen de los comicios tribunados, válidos para legislar por plebiscitos.

En el siglo III a. C. disminuyeron las diferencias entre los patricios y jefes de los plebeyos, y se agruparon en una aristocracia dirigente, la nobilitas. Con la rápida reducción del efectivo de los patricios, el término plebe tendió desde entonces a designar a las masas populares.

Los esclavos eran considerados como un instrumento económico que podía ser vendido y comprado y que se hallaba bajo la dependencia de un dueño. Procedían mayoritariamente de pueblos sometidos por la República y, durante el siglo I a. C., se convirtieron en el estracto social más numeroso de Roma; siglo en el que protagonizaron las Guerras Serviles.

Organización social y forma de gobierno

Tras las caída de la monarquía se instauró en Roma la República (Res publica, es decir “la cosa pública”), un régimen aristocrático dirigido por unas cuarenta gens; los patricios, los descendientes de las familias más antiguas de Roma ostentaron el poder. Las principales instituciones del nuevo régimen fueron el Senado, las magistraturas y los Comicios.

El Senado era uno de los pilares de la República, siendo el órgano político que exigía responsabilidades a los cónsules. Originalmente el Senado estaba constituido sólo por patricios, pero a partir de la Lex Ovinia del año 312 a. C., se permitió que los plebeyos pudieran formar parte del mismo. La auctoritas del Senado daba validez a los acuerdos tomados en las asambleas populares. El Senado también resolvía los casos de interregnum, situación que acontecía cuando moría uno de los cónsules.

La Magistratura era un cargo original de la República. La jefatura que ostentaba el rex o monarca fue sustituida por dos magistrados colegiados y temporales llamados cónsules a los que se le podía exigir responsabilidad por su tarea de gobierno. Cada magistrado podía vetar al otro, lo que se conocía como intercessio.

También durante la República se crearon las asambleas populares, llamadas Comitia Centuriata. Nacieron por necesidades militares, en íntima conexión con la expansión de la ciudad y con la llegada a Roma de un nuevo concepto de táctica militar. Mientras que en la época monárquica, el ejército estaba integrado por miembros de las gens, en la República el ejército pasó a ser un sistema plutocrático, dependiente de la riqueza de cada sujeto. Al principio sólo se estimaba la riqueza inmobiliaria, pero posteriormente se tuvo en cuenta la mobiliaria.

Historia social

En la historia de la República Romana cabe distinguir tres etapas. En la primera de ellas, en el siglo V a. C., el poder era ejerció por los patricios, siendo conocido como el Estado Gentilicio. Bajo este tipo de gobierno la plebe quedaba excluida del gobierno y carecía de derechos políticos. Así, en la primera etapa de la República no todos los ciudadanos tenían igualdad de derechos y deberes. El grupo aristocrático que arrebató el poder al rex -monarca- organizó el nuevo sistema en beneficio propio, abundando en esta época las luchas entre los propios patricios por el poder personal. Este confuso período dio origen a la implantación de la Dictadura y los distintos jefes militares trataron de alcanzar el poder apoyándose unas veces en la plebe y, otras, en la fuerza de las armas o en la invasión de Roma por pueblos enemigos. Otras veces, la pugna por el poder se efectuaría mediante la prórroga de los cargos políticos excepcionales los decemviros, encargados de redactar la Ley de las XII Tablas o Lex duodecim tabularum.

Este tipo de gobierno fue la causa de una lucha de los plebeyos para conseguir derechos políticos y que duró hasta finales del siglo IV a. C., ya que los magistrados, cónsules y senadores, todos ellos patricios, no estaban dispuestos a conceder, y a su vez, las nuevas asambleas, los comicios centuriados, estaban dominadas por los terratenientes ricos, también de origen patricio.

Para obtener una igualdad con los patricios, los plebeyos se retiraron al Aventino y lograron que en el año 494 a. C. se creara el cargo de Tribuno de la plebe, en número de dos y que tenían como misión la defensa de los plebeyos. Progresivamente, los plebeyos tuvieron acceso a todas las magistraturas. La igualdad de todos ante la ley fue codificada por la ley de las Doce tablas a mediados del siglo V a. C.

El Foro Romano.

La segunda etapa de la República abarca del siglo III al II a. C. Hacia mediados del siglo III a. C. la actividad política seguía teniendo como marco la ciudad de Roma y sus alrededores, y sólo los ciudadanos romanos gozaban de todos los derechos políticos. Roma organizó el territorio italiano alrededor de las ciudades, estableciendo mediante tratados el estatus de cada una de ellas: colonias romanas, municipios, colonias de derecho latino y ciudades aliadas, en función de la resistencia ofrecida a su conquista.

Tras las luchas entre patricios y plebeyos, las concilia plebis se confundieron con los comicios tribunados, abiertos a los patricios; estos emitían los plebiscitos aplicables como leyes a todos los ciudadanos, elegían a los tribunos de la plebe y a los magistrados inferiores. Estas reuniones estaban controladas por los ciudadanos con poder económico; el poder se encontraba en manos de la nobleza o nobilitas -nueva clase política aparecida en el siglo III a. C. y constituida por ricos patricios y plebeyos.

Las magistraturas, jerarquizadas en el cursus honorum, eran igualmente colegiales y anuales. En la base de la escala se encontraban los cuestores, seguidos en orden ascendente por los ediles. Los pretores podían mandar ejércitos y ayudar a los dos cónsules, que presentaban las leyes a los comicios y eran comandantes en jefe.

Cada cinco años se elegían dos censores para preparar el censo de los ciudadanos. En caso de gran peligro, se podía designar un dictador por un plazo de seis meses, que ostentaba con todos los poderes. Un poco al margen del cursus, los diez tribunos de la plebe extendían sus poderes a todos los ciudadanos y presidían los comicios tribunos, a los que presentaban los proyectos.

Todos los magistrados estaban controlados por el senado, que en el siglo III a. C. era una asamblea de antiguos magistrados y dominaba tanto la política exterior como la interior. El senado velaba sobre el tesoro público o aerarium y era el guardián de la religión. Mientras que los comicios y los magistrados sólo tenían la apariencia del poder, el senado lo ejerció en realidad. Este conflicto dio lugar a la división entre populares y optimates; los primeros eran partidarios de aumentar el poder de tribunos y de los comicios populares y los segundos deseaban limitar el poder de las asambleas populares romanas y aumentar el del Senado, al que consideraban mejor y más estable a la hora de buscar el bienestar de Roma. Los optimates favorecieron los nobiles -familias nobles- y se opusieron a la ascensión de los “hombres nuevos” -plebeyos, normalmente nacidos en las provincias, cuyas familias no tenían experiencia política- dentro de la política romana.

La tercera y última etapa se dio durante el siglo I a. C. y fue una época llena de crisis, dictaduras y guerras civiles que dieron paso al Principado, la primera etapa imperial de Roma.

Cronológica de la República

  • 509 a. C. 244 A.U.C. Exilio de Tarquinio el Soberbio. Fundación de la República Romana.
  • 508 a. C. 245 A.U.C. Lars Porsena ataca Roma. Defensa del puente por Horacio.
  • 496 a. C. 257 A.U.C. Batalla del Lago Regilo.
  • 494 a. C. 259 A.U.C. Los plebeyos se separan de Roma. Creación del tribunado.
  • 491 a. C. 262 A.U.C. Coriolano conduce un ejército contra Roma.
  • 474 a. C. 279 A.U.C. Los griegos derrotan a los etruscos en Cumas.
  • 458 a. C. 295 A.U.C. Dictadura de Cincinato.
  • 450 a. C. 303 A.U.C. Elaboración de las Doce Tablas.
  • 445 a. C. 308 A.U.C. Admisión del matrimonio entre patricios y plebeyos.
  • 421 a. C. 323 A.U.C. Acceso de los plebeyos a la cuestura.
  • 396 a. C. 357 A.U.C. Camilo toma Veyes después de diez años de asedio.
  • 391 a. C. 362 A.U.C. Exilio de Camilo.
  • 390 a. C. 363 A.U.C. Los galos derrotan a los romanos en el río Allia y toman Roma Manilo salva el Capitolio.
  • 384 a. C. 369 A.U.C. Ejecución de Manlio.
  • 367 a. C. 386 A.U.C. Las leyes Licio-Sextianas abren el consulado a los plebeyos.
  • 365 a. C. 388 A.U.C. Muerte de Camilo.
  • 354 a. C. 399 A.U.C. Se crea la Liga Latina bajo la dominación romana.
  • 351 a. C. 402 A.U.C. Se abre la censura a los plebeyos.
  • 343 a. C. 410 A.U.C. Primera Guerra Samnita.
  • 340 a. C. 413 A.U.C. Guerra Latina.
  • 338 a. C. 415 A.U.C. Filipo II de Macedonia impone su dominación a los griegos.
  • 334 a. C. 419 A.U.C. Los galos hacen la paz con Roma. Alejandro Magno invade Persia.
  • 332 a. C. 421 A.U.C. Alejandro de Epiro acude en ayuda de Tarento.
  • 326 a. C. 427 A.U.C. Muerte de Alejandro de Epiro. Comienza la Segunda Guerra Samnita.
  • 323 a. C. 430 A.U.C. Muerte de Alejandro Magno.
  • 321 a. C. 432 A.U.C. Los samnitas derrotan a los romanos en las Horcas Caudinas.
  • 318 a. C. 435 A.U.C. Nacimiento de Pirro.
  • 312 a. C. 441 A.U.C. Construcción de la Vía Apia.
  • 310 a. C. 443 A.U.C. Agatocles de Siracusa invade África.
  • 308 a. C. 445 A.U.C. Fabio Máximo derrota a los etruscos.
  • 304 a. C. 449 A.U.C. Fin de la Segunda Guerra Samnita.
  • 298 a. C. 455 A.U.C. Comienza la Tercera Guerra Samnita.
  • 295 a. C. 458 A.U.C. Fabio Máximo derrota a los galos en Sentino.
  • 290 a. C. 463 A.U.C. Fin de la Tercera Guerra Samnita.
  • 289 a. C. 464 A.U.C. Muerte de Agatocles.
  • 281 a. C. 472 A.U.C. Tarento llama a Pirro en su ayuda contra Roma.
  • 280 a. C. 473 A.U.C. Pirro derrota a los romanos en Heraclea.
  • 279 a. C. 474 A.U.C. Pirro derrota a los romanos en Ausculum.
  • 275 a. C. 478 A.U.C. Los romanos derrotan a Pirro en Benevento.
  • 272 a. C. 481 A.U.C. Roma toma Tarento. Muerte de Pirro en Grecia.
  • 270 a. C. 483 A.U.C. Roma completa la conquista de la Magna Grecia. Hierón II ocupa el trono de Siracusa.
  • 269 a. C. 484 A.U.C. Cuarta Guerra Samnita.
  • 264 a. C. 489 A.U.C. Comienza la Primera Guerra Púnica.
  • 263 a. C. 490 A.U.C. Roma invade Sicilia.
  • 260 a. C. 493 A.U.C. Roma logra una victoria naval sobre Cartago.
  • 256 a. C. 497 A.U.C. Los romanos invaden África comandados por Régulo.
  • 255 a. C. 498 A.U.C. Regulo es derrotado y capturado.
  • 248 a. C. 505 A.U.C. Amílcar Barca toma el mando del ejército cartaginés.
  • 247 a. C. 506 A.U.C. Nacimiento de Aníbal.
  • 241 a. C. 512 A.U.C. Fin de la Primera Guerra Púnica Sicilia se con vierte en provincia romana.
  • 236 a. C. 517 A.U.C. Amílcar Barca establece el poder cartaginés en la península ibérica.
  • 234 a. C. 519 A.U.C. Nacimiento de Catón el Viejo.
  • 231 a. C. 522 A.U.C. Cerdeña y Córcega se convierten en provincia romana.
  • 229 a. C. 524 A.U.C. Guerra Hinca.
  • 228 a. C. 525 A.U.C. Muerte de Amílcar Barca.
  • 223 a. C. 530 A.U.C. Antíoco III sube al trono seléucida.
  • 222 a. C. 531 A.U.C. Flaminio derrota a los galos Roma domina toda Italia hasta los Alpes.
  • 221 a. C. 532 A.U.C. Aníbal toma el mando en la península ibérica. Filipo V sube al trono de Macedonia.
  • 220 a. C. 533 A.U.C. Flaminio construye la Vía Flaminia.
  • 219 a. C. 534 A.U.C. Comienza la Segunda Guerra Púnica. Roma se anexa Corcira.
  • 218 a. C. 535 A.U.C. Aníbal atraviesa los Alpes y derrota a los romanos en Trebia.
  • 217 a. C. 536 A.U.C. Aníbal derrota a los romanos en el Lago Trasimeno.
  • 216 a. C. 537 A.U.C. Aníbal derrota a los romanos en Cannas.
  • 215 a. C. 538 A.U.C. Comienza la Primera Guerra Macedónica.
  • 212 a. C. 541 A.U.C. Marcelo conquista Siracusa, donde muere Arquímedes.
  • 211 a. C. 542 A.U.C. Aníbal aparece ante las puertas de Roma.
  • 210 a. C. 543 A.U.C. Escipión el Viejo asume el mando en la península ibérica.
  • 209 a. C. 544 A.U.C. Publio Cornelio Escipión toma Cartago-Nova (Quart-Hadast).
  • 207 a. C. 546 A.U.C. Los romanos derrotan a Asdrúbal en el Lago Metauro.
  • 206 a. C. 547 A.U.C. Escipión derrota a los cartagineses en Hipa, en Hispania.
  • 205 a. C. 548 A.U.C. Fin de la Primera Guerra Macedónica.
  • 202 a. C. 551 A.U.C. Escipión derrota a Aníbal en Zama, África.
  • 201 a. C. 552 A.U.C. Fin de la Segunda Guerra Púnica.
  • 200 a. C. 553 A.U.C. Inicio de la Segunda Guerra Macedónica.
  • 197 a. C. 556 A.U.C. Flaminio derrota a los macedonios en Cinoscéfalos. La península ibérica es organizada en provincias romanas.
  • 196 a. C. 557 A.U.C. Fin de la Segunda Guerra Macedónica. «Liberación» de Grecia. Aníbal huye a Asia.
  • 192 a. C. 561 A.U.C. Se da comienzo a la Guerra Siria (con Antíoco).
  • 191 a. C. 562 A.U.C. Los romanos derrotan a Antíoco en las Termopilas.
  • 190 a. C. 563 A.U.C. Los romanos derrotan a Antíoco en Magnesia. Primera aparición de los romanos en Asia.
  • 189 a. C. 564 A.U.C. Fin de la Guerra Siria.
  • 187 a. C. 566 A.U.C. Muerte de Antíoco III.
  • 184 a. C. 569 A.U.C. Catón el Viejo es elegido censor.
  • 183 a. C. 570 A.U.C. Muerte de Aníbal y de Escipión el Viejo.
  • 179 a. C. 574 A.U.C. Muerte de Filipo V.
  • 172 a. C. 581 A.U.C. Comienza la Tercera Guerra Macedónica.
  • 168 a. C. 585 A.U.C. Los romanos derrotan a los macedonios en Pidna y dan fin a la Tercera Guerra.
  • 167 a. C. 586 A.U.C. Los ciudadanos romanos quedan libres de impuestos directos.
  • 163 a. C. 590 A.U.C. Nacimiento de Tiberio Graco.
  • 155 a. C. 598 A.U.C. Nacimiento de Mano.
  • 153 a. C. 600 A.U.C. Nacimiento de Cayo Graco.
  • 151 a. C. 602 A.U.C. Escipión el Joven pacifica Hispania. Polibio y otros rehenes griegos son puestos en libertad.
  • 149 a. C. 604 A.U.C. Comienza la Tercera Guerra Cartaginesa.
  • 148 a. C. 605 A.U.C. Cuarta Guerra Macedónica.
  • 146 a. C. 607 A.U.C. Destrucción de Cartago Corinto es saqueada Macedonia es convertida en provincia romana.
  • 138 a. C. 615 A.U.C. Nacimiento de Sila.
  • 135 a. C. 618 A.U.C. Primera Guerra Servil (en Sicilia).
  • 133 a. C. 620 A.U.C. Escipión derrota a tribus hispánicas en Numancia. Pérgamo es anexado y convertido enprovincia romana. Tiberio Graco es elegido tribuno.
  • 132 a. C. 621 A.U.C. Asesinato de Tiberio Graco.
  • 129 a. C. 624 A.U.C. Muerte de Escipión el Joven.
  • 125 a. C. 628 A.U.C. Los romanos conquistan la Galia Meridional.
  • 123 a. C. 630 A.U.C. Cayo Graco llega al tribunado.
  • 121 a. C. 632 A.U.C. Asesinato de Cayo Graco. La Galia Meridional es organizada como provincia romana. Mitrídates VI se convierte en rey del Ponto.
  • 115 a. C. 638 A.U.C. Nacimiento de Craso.
  • 113 a. C. 640 A.U.C. Los cimbrios invaden la Galia.
  • 111 a. C. 642 A.U.C. Comienza la Guerra de Yugurta.
  • 107 a. C. 646 A.U.C. Mano es elegido cónsul por primera vez.
  • 106 a. C. 647 A.U.C. Nacimiento de Pompeyo y de Cicerón.
  • 105 a. C. 648 A.U.C. Mario derrota a Yugurta.
  • 104 a. C. 649 A.U.C. Muerte de Yugurta.
  • 103 a. C. 650 A.U.C. Segunda Guerra Servil (en Sicilia). Los teutones se unen a los cimbrios.
  • 102 a. C. 651 A.U.C. Mario destruye a los teutones.
  • 101 a. C. 652 A.U.C. Mario destruye a los cimbrios.
  • 100 a. C. 653 A.U.C. Mario se ve obligado a matar al tribuno Saturnino y pierde poder político.Nacimiento de Julio César.
  • 95 a. C. 658 A.U.C. Nacimiento de Catón el Joven.
  • 91 a. C. 662 A.U.C. Asesinato del tribuno Druso. Comienza la Guerra Social.
  • 89 a. C. 664 A.U.C. Sila derrota a los rebeldes italianos.
  • 88 a. C. 665 A.U.C. Fin de la Guerra Social. Se inicia la Primera Guerra Mitridática. Estalla la Primera Guerra Civil cuando Sila obliga a Mario a abandonar la ciudad.
  • 86 a. C. 667 A.U.C. Sila saquea Atenas. Mario toma el poder en Roma, pero luego muere.
  • 85 a. C. 668 A.U.C. Nacimiento de Bruto.
  • 84 a. C. 669 A.U.C. Fin de la Primera Guerra de Mitrídates.
  • 83 a. C. 670 A.U.C. Nacimiento de Marco Antonio.
  • 82 a. C. 671 A.U.C. Sila derrota al ejército adepto a Mario en Puerta Colina.
  • 81 a. C. 672 A.U.C. Sila se convierte en dictador de Roma. Segunda Guerra Mitridática.
  • 79 a. C. 674 A.U.C. Sila renuncia a la dictadura.
  • 78 a. C. 675 A.U.C. Muerte de Sila.
  • 76 a. C. 677 A.U.C. César es capturado por los piratas.
  • 74 a. C. 679 A.U.C. Bitinia y Cirene se convierten en provincias romanas. Tercera Guerra Mitridática.erres es nombrado gobernador de Sicilia.
  • 73 a. C. 680 A.U.C. Lúculo derrota a Mitrídates. Espartaco dirige la Tercera Guerra Servil contra Roma.
  • 72 a. C. 681 A.U.C. Pompeyo derrota a fuerzas partidarias de Mario en Hispania.
  • 71 a. C. 682 A.U.C. Craso derrota al ejército de los esclavos. Muerte de Espartaco.
  • 70 a. C. 683 A.U.C. Cicerón acusa a Yerres.
  • 69 a. C. 684 A.U.C. Lúculo derrota a Tigranes de Armenia. Nacimiento de Cleopatra.
  • 67 a. C. 686 A.U.C. Creta se convierte en provincia romana. Pompeyo limpia de piratas el Mediterráneo.
  • 66 a. C. 687 A.U.C. Lúculo es llamado a Roma y reemplazado por Pompeyo.
  • 64 a. C. 689 A.U.C. Pompeyo va al Este. El Ponto, Cilicia, Siria y Judea se convierten en provincias romanas.Conspiración de Catilina.
  • 63 a. C. 690 A.U.C. Cicerón es elegido cónsul y ataca a Catilina. Muerte de Mitrídates. Nacimiento de Octavio.
  • 62 a. C. 691 A.U.C. Muerte de Catilina.
  • 61 a. C. 692 A.U.C. Pompeyo retorna a Roma.
  • 60 a. C. 693 A.U.C. Creación del Primer Triunvirato.
  • 58 a. C. 695 A.U.C. Clodio llega al tribunado. Exilio de Cicerón. César da comienzo a la Guerra de las Galias.
  • 55 a. C. 698 A.U.C. César invade Germania y Britania.
  • 53 a. C. 700 A.U.C. Craso muere en la batalla de Carras contra los partos.
  • 52 a. C. 701 A.U.C. Muerte de Clodio. Pompeyo nombrado único cónsul.
  • 51 a. C. 702 A.U.C. César completa la conquista de la Galia. Pompeyo se vuelve contra él.
  • 49 a. C. 704 A.U.C. César cruza el Rubicón. Comienza la Segunda Guerra Civil.
  • 48 a. C. 705 A.U.C. César derrota a Pompeyo en Farsalia. Pompeyo es asesinado en Egipto. César conoce a Cleopatra.
  • 47 a. C. 706 A.U.C. César derrota a Farnaces del Ponto en Zela.
  • 46 a. C. 707 A.U.C. César retorna a Roma con el poder supremo. Derrota al ejército pompeyano de África en Tapso. Suicidio de Catón el Joven.
  • 45 a. C. 708 A.U.C. César derrota al ejército pompeyano de Hispania en Munda. Reforma el calendario.
  • 44 a. C. 709 A.U.C. Asesinato de César por Bruto, Casio y otros.
  • 43 a. C. 710 A.U.C. Comienza la Tercera Guerra Civil. Se forma el Segundo Triunvirato. Asesinato de Cicerón.
  • 42 a. C. 711 A.U.C. Octavio y Marco Antonio derrotan a Bruto y Casio en Filipos. Suicidio de Bruto y Casio.
  • 41 a. C. 712 A.U.C. Antonio conoce a Cleopatra.
  • 38 a. C. 715 A.U.C. Ventidio derrota a los partos.
  • 32 a. C. 721 A.U.C. Cuarta Guerra Civil.
  • 31 a. C. 722 A.U.C. Octavio derrota a Marco Antonio y Cleopatra en Accio.
  • 30 a. C. 723 A.U.C. Suicidio de Marco Antonio y Cleopatra.
  • 29 a. C. 724 A.U.C. Octavio domina solo todo el orbe romano. Fin de la República Romana.
  • 27 a. C. 726 A.U.C. Octavio recibe el nombre de Augusto.

II.IV. julio césar

El término César es universal. De su raíz latina Caesar nacieron las palabras Kaiser o Zar (Cszar) que han perpetuado el término muchos siglos después de que el primer hombre que lo llevara desapareciera. Y a su muerte, todos los emperadores de Roma lo utilizaron como nombre propio. Así, César (es incorrecto decir “el César” o “los Césares” como es incorrecto decir “el Faraón” o “los Faraones”, ya que son nombres propios) pasó a ser nombre propio y su uso hacía al portador ser identificado con aquel primer César descendiente de dioses y de reyes que conquistó el mundo conocido.

Si hay un hombre grande, un hombre que se haya alzado sobre todos los demás, ése es César. Como político diseñó el Imperio Romano, como soldado es el más grande general de la Historia, como escritor es el más grande en lengua latina, como jurista promulgó leyes que son el pilar del derecho Romano, como astrónomo reformó el calendario dejándonos el nuestro actual de 12 meses y 365 días. Fue él quien al romanizar el oeste de Europa puso los cimientos de nuestra Cultura Occidental… César es el triunfo de la inteligencia, pero por encima de todo, César fue grande y él mismo supo que lo era. A pesar de ello nunca se colocó conscientemente por encima de ningún otro: Dejó que la Historia hablara por sí misma.

Gaius Iulius Caesar o Cayo Julio César Nació el día 13 del mes que los romanos conocían como Quintilis y que a su muerte tomó su nombre “Julio”. El año fue el 100 a.C. año 653 desde la fundación de Roma. Hasta su asesinato, ocurrido el 15 de marzo del año 44 a.C., César ascendió en el duro escalafón romano para convertirse en el Primer Hombre de una Roma que vivía una profunda crisis política y social que él trató de solventar aplicando su genio y su ascendiente sobre el pueblo romano.

Su esfuerzo le costó la vida, pero lo que sus asesinos no pudieron imaginar fue que su grandiosa obra habría de sobrevivirle aún 500 años tras su muerte en Occidente y 1.000 en Oriente, dando a la Humanidad el mayor legado cultural de toda la Historia: el Imperio Romano cuyo arquitecto fue César y su constructor su heredero político, su sobrino-nieto Octavio, más tarde llamado Augusto.

Durante la primera mitad del siglo I a.C. Cinco hombres tratarían de solucionar los gravísimos problemas que amenazaban Roma.

Los cinco fueron grandes soldados que comandaron los ejércitos de Roma con valor y audacia. Los cinco supieron lo que era luchar en una guerra civil y los cinco lucharon por imponer sus ideas para regenerar Roma según sus propias ideas. Sin embargo, la Fortuna tan sólo habría de conceder a uno de ellos su preciado favor.

César fue un hombre moldeado por los acontecimientos ocurridos en la Roma que le vio nacer. Una sociedad corrompida por una aristocracia egoísta que cercenaba sangrientamente cualquier perspectiva de cambio y mejora. Una sociedad en continua y sangrienta lucha sobre la que pesaban poderosas amenazas tanto internas como externas.

Cayo Mario, el “paleto de Arpinum que no sabía griego”, el hombre que había ascendido uno a uno los peldaños del duro escalafón militar romano desde el sitio de Numancia y que ante el asombro del mundo entero había derrotado brillantemente en las batallas de Aquae Sextiae y Vercellae en 101 a.C. a 800.000 cimbrios y teutones. Los pueblos nómadas germánicos que pocos años antes habían infligido a Roma espantosas derrotas como la de Arausio y causado la muerte de decenas de miles de romanos. Emparentado con la gens Julia, la familia de César, por su matrimonio con su tía, la gran Julia, Mario trató de llevar a cabo un ambicioso programa de reformas que fortalecieran a Roma integrando a toda Italia en el aparato estatal, pero el Senado, acaudillado por la facción ultraconservadora, no estaba dispuesta a dejar de considerar todo lo que se extendía más allá de las murallas de la ciudad como su finca particular. Ya que en aquellos años, los pueblos italianos no gozaban de la ciudadanía romana, sino que eran considerados aliados. En realidad, siervos de Roma.

Y estalló la guerra entre Roma e Italia. Una guerra en la que Mario impuso su grandioso genio militar derrotando con su espada a aquellos a quienes, paradójica y dolorosamente, había defendido con sus ideas. Así fue Cayo Mario cónsul por séptima vez, pero el viejo soldado no pudo esta vez celebrar su victoria ya que moriría poco después en Roma, viejo, casi inválido, cansado y completamente desengañado de todo. Pero su obra la continuaría su fiel seguidor Cinna, cuya hija Cornelia se casó con el joven Cayo Julio César en 84 a.C. y así, César fue nombrado flamen dialis o sacerdote de Júpiter a la edad de 16 años.

Fue entonces cuando Lucio Cornelio Sila, uno de los más queridos lugartenientes de Mario, traicionó la legalidad uniéndose a los derrotados reaccionarios, para alzarse con el poder invadiendo Italia desde Asia, donde mandaba las legiones que debían combatir a Mitrídates. Sila fue el primer general romano que utilizó su ejército para conquistar el poder. No sería el último. A la cabeza de sus legiones desembarcó en Italia y conquistó Roma a sangre y fuego. Su gobierno ha quedado grabado con sangre en la Historia como uno de los más despiadados y tiránicos que han asolado el mundo occidental. Millares de personas fueron ejecutadas sin juicio y sus bienes “incautados” por las bandas de esclavos armados a las órdenes de Sila que recorrían Italia sembrando el más negro terror. El joven César, a pesar de estar considerado como el aristócrata vivo de más rancio abolengo de Roma (su árbol genealógico llegaba hasta la propia diosa Venus, según las tradiciones romanas), con tan sólo 18 años, se enfrentó valientemente al tirano provocando el estupor en Roma. Sila, que había exterminado a toda la oposición, ya no tenía ni un solo enemigo vivo en Italia e incapaz de terminar con el terror, comenzó a ordenar rupturas de compromisos y divorcios. Así ordenó a César que se divorciara de su esposa Cornelia, pero César contestó al mensajero la famosa frase “Dile a tu amo que en César sólo manda César” y se negó a divorciarse.

El tirano encolerizó ante tal osadía y ante el estupor de sus propios partidarios condenó a muerte al joven. Envió a sus asesinos con órdenes de traer su cabeza clavada en una lanza, pero César, alertado por los propios amigos de Sila horrorizados, huyó de Roma a pesar de estar gravemente enfermo de fiebres. Durante semanas se ocultó en los bosques, atendido y protegido por aquellas sencillas gentes que veían en aquel joven fugitivo débil y enfermo al digno sobrino del gran Mario.

Aquella villanía cometida contra un joven que no había participado en la guerra conmovió al Pueblo Romano que vio que ni la edad ni el altísimo cargo sacerdotal ostentado por el joven frenaban la sed de sangre del enloquecido tirano. Las enormes presiones del pueblo y parte de la aristocracia sobre Sila, presiones que la madre de César, Aurelia, supo manejar magistralmente en favor de su hijo, consiguieron que el tirano le perdonara la vida, no sin antes exclamar una frase que pasaría a la Historia ante los nobles que le suplicaban por su vida:

“Alegraos con su perdón, pero no olvidéis lo que os digo, porque un día ese joven de aspecto indolente e inofensivo causará la ruina de vuestra causa. ¡Hay muchos Marios en César!”

César aprovechó la ocasión para pedir a Sila que le destituyera de su cargo de flamen dialis, un cargo que el ambicioso joven consideraba que le ataba de pies y manos en su carrera, cosa que Sila aceptó encantado, ya que César, aunque miembro de la más antigua familia romana, no tenía bienes suficientes para ser senador y si dejaba el sacerdocio, tendría que dejar también su escaño en el Senado de Roma. Así César descendió en el escalafón de clases de Roma del orden senatorial al orden ecuestre. Y para quitárselo de encima, Sila lo envió como oficial al ejército de Minucio Termo que combatía en Oriente. En este destino, el joven y dulce joven asombró a todos ganando la famosa corona civica (la más alta condecoración romana al valor) en 81 a.C. durante el asalto a los muros de la ciudad de Mitilene. Con lo que César regresó a Roma tras la muerte del tirano ingresando inmediatamente en el Senado gracias, paradójicamente, a una ley de Sila por la que cualquier miembro del orden ecuestre ganador de la corona civica pasaba automáticamente a ocupar un escaño en el Senado. A partir de ese momento, César consagró su vida a continuar el proyecto reformista de Mario cuya meta era el saneamiento social de Roma. Y en este punto de nuestra historia ocurrió un famoso acontecimiento que muestra claramente el carácter de César.

Viajó a Rodas para aprender retórica y oratoria junto al sabio Molón y en el viaje de vuelta en 75 a.C. fue apresado por los piratas cilicios. Al ver que era un joven aristócrata sin importancia, el caudillo pirata le menospreció comentando que por aquel joven insignificante no conseguirían ni un rescate de 20 talentos de plata (cada talento equivale a unos 27 kilos). César, que consideró aquello un insulto a su dignitas, se encaró con el jefe pirata ante el asombro de todos contestándole que él era descendiente de la diosa Venus y que por su rescate se pagarían 50 talentos, lo que fue acogido por los piratas con carcajadas, y el jefe pirata le advirtió que si no se pagaban los 50 talentos le crucificarían, a lo que César respondió: “Te pagarán, no temas, pero después serás tú el que temerás, ya que volveré para crucificarte a ti y a todos los tuyos”. Lo que causó aún más risas. Y mientras sus sirvientes partían hacia Roma, él se quedó en aquella isla con sólo un esclavo causando la admiración entre los piratas por su valor. Por la noche, les recitaba discursos y si los piratas no los entendían les acusaba de ser unos patanes criminales. Mientras, la madre de César, Aurelia, consiguió trabajosamente la enorme suma y pagó el rescate. Cuando César fue puesto en libertad fue a ver al gobernador romano para pedirle que actuara de inmediato contra los piratas, pero éste no le hizo caso (César aseguró durante el resto de su vida que aquel hombre estaba evidentemente sobornado por ellos), así que se fue a ver a los armadores de la zona, a los que convenció para que alistaran una flota que él guió hasta la guarida de los piratas a los que sorprendió y tras vencerles ordenó que todos fueran crucificados. A partir de entonces, nadie volvió a poner en duda la palabra de Cayo Julio César.

Tras su regreso a Roma, César se dedicó a ascender peldaño a peldaño los escalones del Cursus Honorum romano, granjeándose el afecto del pueblo y el odio de la mayor parte de la aristocracia y convirtiéndose en el abogado azote de los políticos corruptos al llevar a juicio a aristócratas considerados hasta entonces “intocables”. Su apoyo a las demandas del pueblo le convirtió en el enemigo de toda la nobleza corrompida y reaccionaria que ocupaba el Senado, pero César, fiel a su compromiso con el pueblo, prosiguió su carrera. En 74 a.C. fue elegido pontífice, en 68 a.C. fue elegido cuestor militar en España, donde su excelente trabajo le granjeó la admiración de la población. En 65 a.C. fue elegido edil curul, cargo que equivale al nuestro de alcalde y en 64 a.C. fue elegido cuestor judicial, magistratura equivalente a nuestra fiscalía.

En el año 63 a.C. tuvo lugar la famosa Conjuración de Catilina (ver el debate correspondiente del Foro de Debate de esta página web). El cónsul senior, Marco Tulio Cicerón, amparándose en el Senatus Consultum Ultimum, ordenó la ejecución de cinco presuntos conjurados, a lo que César se opuso en el Senado, siendo el único que defendió que los acusados tuvieran un juicio justo como ciudadanos romanos, pero prevalecieron los oscuros intereses y los cinco detenidos fueron asesinados por orden del Senado sin juicio. Frente a un estado que se decía “republicano”, César encarnó aquí el Derecho y la Ley frente al abuso de poder constante de la casta oligárquica romana, los optimates, que se llamaban a sí mismos los “boni” (los buenos).

El odio que los optimates ya le tenían a César creció tras este incidente, pero él continuó su carrera de una manera increíble: echando los dados al aire y jugándoselo el todo por el todo presentando su candidatura a Pontifex Maximus (máximo sacerdote de Roma), un prestigiosísimo cargo que habitualmente se disputaban los más fuertes miembros de las más poderosas familias optimates. César se la jugó, trataron de sobornarle para que retirar su candidatura, le amenzaron de muerte, pero él continuó confiando en que la diosa Fortuna le arroparía. El día de las elecciones, con sus enemigos armados esperando en el lugar en el que había de celebrarse la votación, César se despidió de su madre Aurelia con la siguiente frase: “Madre, hoy verás a tu hijo muerto en el Foro o vistiendo la toga del Sumo Pontífice”. Y César regresó a su casa vestido con la famosa toga picta, la toga sacerdotal de franjas púrpuras y escarlatas.

En 62 aC presentó su candidatura a la pretura ganando las elecciones con el mayor número de votos y siendo designado praetor urbanus, jefe de magistrados de Roma en 62 aC. El año siguiente ejerció la propretura, un mando militar en la Hispania Ulterior, donde llevó a cabo una brillante campaña en las costas de Galicia y el norte de Portugal combinando ingeniosamente los desembarcos anfíbios con ataques por tierra y demostrando una aún pequeña parte de su increíble talento militar.

Y así hasta alcanzar la más alta magistratura: el consulado ganado el año 59 a.C. tras una aplastante victoria en las elecciones con el apoyo de Craso y Pompeyo, los dos hombres más poderosos de Roma a los que consiguió unir en un proyecto común (el famoso Triunvirato) cuyo objetivo era reformar el sistema desde dentro.

Su año de gobierno constitucional fue un auténtico terremoto en el que sentó las bases para las grandes reformas políticas, económicas y sociales que Roma necesitaba, creando un cuerpo de leyes que sería la base del Derecho Romano y legislando una reforma agraria para dar tierras públicas a las familias más pobres, cosa que le granjeó aún más odio de un Senado compuesto por terratenientes. En 58 a.C., marchó a ejercer su mando como procónsul de la provincia romana de la Galia Cisalpina, zona que actualmente ocupa el norte de Italia. Esta provincia era una pequeña porción de las Galias, un enorme territorio que abarcaba lo que hoy es Francia, Luxemburgo y Bélgica y que tenía más guerreros en edad de empuñar las armas que habitantes toda Italia. Allí César habría de contener en su primer año de mandato, en 58 a.C. las sucesivas invasiones de helvecios y germanos que pretendían invadir Italia. En una increíble campaña relámpago exterminó a los helvecios y aplastó la ofensiva germana. Sin embargo, César comprendió que sólo una Galia unida y fuerte podría contener a los germanos y al pretender unir a todos los pueblos galos bajo la tutela romana, para asegurar la defensa de Italia, éstos se levantaron en armas contra César.

Ocho años tardó César en pacificar toda la Galia, combatiendo además a los germanos más allá del Rin y a los británicos más allá del Canal de la Mancha, pero tras ocho durísimas campañas, pudo declarar ante el asombro del Senado y del Pueblo de Roma que toda la Galia estaba conquistada.

En esos ocho años, César había combatido ininterrumpidamente contra más de 3.000.000 de guerreros helvecios, galos, germanos y britanos. 1.000.000 de ellos murieron. 1.000.000 fueron hechos esclavos. 800 ciudades fueron conquistadas. 300 naciones sometidas.

Los efectivos romanos nunca superaron los 50.000 hombres.

Si el triunfo de Alejandro Magno impresiona por el gigantesco territorio conquistado, el de César lo hace por las increíbles cifras antes expuestas y por las enormes consecuencias que para la cultura occidental tuvo la conquista y romanización de los territorios de las Galias y las Islas Británicas.

Jamás en la Historia un general había conseguido un triunfo de tal magnitud.

Sin embargo, este soberbio éxito, disparó todas las envidias y rencores de la aristocracia dominante en Roma. Las conspiraciones de sus enemigos conservadores le cerraron todos los caminos posibles, llegando a acusarle de traición y pidiendo públicamente su condena exilio. Muerto Craso en el desastre de Carras, Pompeyo, irritado por la creciente gloria militar de César, se pasó al bando aristocrático que pretendía acabar con César por medios completamente ilegales, obligando a César a marchar sobre Roma al frente de las legiones a las que durante ocho años había conducido, de victoria en victoria por toda la Galia. El 13 de enero de 49 a.C. César cruzó el río Rubicón (frontera entre su provincia e Italia). No obligó a nadie a seguirle, pero sus hombres respondieron como un bloque y secundaron a su general. “¡Vayamos allá donde nos llaman los dioses y la injusticia de los hombres! ¡La Suerte está echada!” fue el grito de guerra de César, al que sus legionarios contestaron con el celebérrimo de:

¡O CÉSAR O NADA!

Tras su victoria sobre Pompeyo, en 46 a.C. César celebró 4 triunfos en Roma conmemorando sus victorias. Tras 12 años de continuas campañas desde el sur de Inglaterra hasta Asia Menor, las legiones de César habían completado la más importante y duradera campaña de conquistas de toda la Historia.

Tras ello se propuso un ambicioso programa de reformas para sanear las corrompidas instituciones, mejorar el gobierno de las provincias, dar acceso a los habitantes de éstas a la ciudadanía romana, mejorar el sistema de impuestos, etc. Los optimates, hartos de tales proyectos, aterrados ante la posibilidad de reformas que alteraran su estatus oligárquico, decidieron acabar con todo de una vez.

El 15 de marzo de 44 a.C. César fue asesinado en la curia del Senado por esa aristocracia envilecida que pretendía convertir el mundo en su finca particular. Los conjurados eran los mismos que habían provocado la Guerra Civil y que, tras su derrota, se habían arrastrado ante él suplicando por su vida. César no tomó ningún tipo de represalias contra sus enemigos a los que incluso mantuvo en sus cargos. Tras la batalla de Farsalia ordenó quemar todos los archivos de sus enemigos sin querer leerlos y perdonó a todos los que habían luchado contra él. Su piedad le costó la vida.

El heredero de César, su sobrino-nieto Octavio, que pasaría a la Historia con el nombre de Augusto, no cometió el mismo error. Vengó su asesinato destruyendo a sus poderosos enemigos en la batalla de Filipos, exterminándolos a todos y continuando la obra que César comenzara y que habría de convertir al Imperio Romano en la más importante obra política, social, cultural y militar de todos los tiempos.

Su obra político-militar quedó reflejada en los Comentarios de la Guerra de las Galias (Comentarii de Bello Galico) publicados en 51 aC y los Comentarios de la Guerra Civil (Comentarii de Bello Civile) publicados en 45 aC, dos obras literarias que convierten a César en el más grande escritor en lengua latina. Son su testamento político y el relato de la campaña de conquistas fundamental de la Historia, un relato que él escribe en tercera persona, como si fuera un mero espectador de los hechos que describe con su apasionante genio.

César es un constructor, uno de esos raros ejemplos de la Historia en que un hombre solo afronta la tarea de remolcar al resto del Mundo liderándolo con su genio personal. De todos los que lo han intentado a lo largo de la Historia sólo él lo consiguió. Alejandro Magno, Julio César, Carlos I de España y Napoleón Bonaparte trataron de convertirse en el punto de inflexión personal a partir del cual se generaría una nueva época histórica. Todo el costoso Una nueva época basada siempre en un sueño personal de grandeza en la que el líder acaudilla un proyecto universal que engloba a todos los pueblos bajo un único destino común. Estos cinco hombres tuvieron los medios suficientes para intentarlo. Otros sólo pudieron hacerlo a escala mucho más reducida, como Carlomagno, pero los que tuvieron los medios necesarios para alcanzarlo fueron estos cinco. De ellos, tan sólo César lo consiguió, hizo triunfar su proyecto y ni siquiera la muerte se lo impidió, aunque su obra fue distorsionada por sus sucesores (como siempre pasa). Entre estos cuatro hombres hay muchos puntos en común y muchos que los diferencian. Los cuatro trataron de construir un futuro cuya piedra angular era su genio personal. Los cinco partieron de una guerra que afirmara su supremacía y poder desde el que construir su sistema.

El empeño constructor de César fue respaldado por su inmenso genio político y militar para dejar a sus sucesores los cimientos de su sueño. Un sueño que, si bien no pudo ser construido como él hubiera deseado, sirvió para transmitir la cultura griega a todo Occidente, llevando a Roma a unas cotas de esplendor, poder y riqueza tanto militares como sociales o artísiticas que la Humanidad tardaría más de mil años en acercarse a igualar siquiera.

Ése es el legado de Julio César, el legado más importante que hombre alguno ha dejado en toda la Historia.

C R O N O L O G Í A

100 a.C.- Nace Cayo Julio César el 13 de julio.

82- Sila toma Roma. César es condenado a muerte.

81 al 78- Servicio militar en Oriente. Gana la corona civica en el sitio de Mitilene. Muere Sila y César vuelve a Roma a ocupar su escaño en el Senado.

75- Es apresado por piratas griegos. Su familia paga el rescate y él, tras ser liberado, alista una escuadra con sus propios medios que extermina a los piratas.

74- Elegido pontífice.

68- Elegido cuestor militar (tesorero) en España.

65- Elegido edil curul (alcalde de Roma).

64- Elegido cuestor judicial (fiscal).

63- Conjuración de Catilina. Elegido Pontifex Maximus (máximo sacerdote) de Roma.

62- Elegido pretor (magistrado jefe) de Roma.

61- Propretor en España. Campaña contra los celtíberos. César consigue un Triunfo que el Senado se niega a concederle.

60- Triunvirato entre Pompeyo, Craso y César para gobernar Roma.

59- Elegido primer cónsul. Promulga las “Leyes Julias”, que formarán el cuerpo principal del Derecho Romano.

58- Procónsul en las Galias. En un solo verano derrota a los helvecios y a los germanos de Ariovisto.

57- Expedición contra los belgas. El pueblo belga, que va unido a la batalla, es prácticamente exterminado.

56- Expedición contra los pueblos de la costa norte. Primera invasión de la isla Británica.

55- Contiene la invasión de las naciones germanas usípetas y teneterias. Tras ello, César construye un puente y cruza el Rhin por primera vez en una expedición de castigo ante las continuas razzias germanas en las Galias.

54- Segunda invasión de la isla Británica. Derrota completa de los británicos de Casiuvelano.

53- Expedición contra los pueblos del norte de las Galias. Victoria sobre los usípetes y tencteres germanos. Segundo puente sobre el Rhin. Las tierras germanas del oeste son completamente arrasadas en una nueva expedición de castigo.

52- Sublevación de Vercingétorix al frente de todos los pueblos galos. Batallas de Avarico, Gergovia y triunfo extraordinario en Alesia.

51- Finaliza la guerra de las Galias con la caída de Uxellodono. César publica los “Comentarios de la Guerra de las Galias”. Comienza la romanización de las Galias.

50- El Senado ha atraído a Pompeyo a su bando y pretende destruir a César.

49- El Senado anula todas las leyes de César y ordena su deposición y captura. César cruza el Rubicón con una legión y se inicia la guerra civil. César conquista toda Italia sin derramamiento de sangre. Pompeyo huye a Grecia con toda la flota en su poder. César celebra elecciones consulares y las gana. Conquista de Sicilia, Córcega y Cerdeña.

48- César consigue cruzar a Grecia. Pompeyo es derrotado en Farsalia y huye a Egipto donde es vilmente asesinado. César llega a Egipto con dos legiones y conoce a la reina Cleopatra, hermana desterrada del rey.

47- César vence a los egipcios y corona a Cleopatra como “Faraón”. Vence en Zela al rey Farnaces y envía al Senado un informe famoso: Vini, Vidi, Vinci: “Llegué, vi y vencí”.

46- Conquista de África. Vence a los pompeyanos en Tapso. Inicia la campaña de España.

45- Guerra en España contra los hijos de Pompeyo. Victoria de Munda (Montilla). Regresa a Roma y celebra sus apoteósicos triunfos.

44- El 15 de marzo César es asesinado en la curia pompeya del Senado. A los pies de la estatua de Pompeyo cae bajo 23 puñaladas. De ellas, tan sólo una era mortal de necesidad.

II.V. El imperio. Los emperadores más importantes

Con la victoria de Octavio sobre Marco Antonio, la República se anexionó de facto las ricas tierras de Egipto, aunque la nueva posesión no fue incluida dentro del sistema regular de gobierno de las provincias, ya que fue convertida en una propiedad personal del emperador, y como tal, legable a sus sucesores. A su regreso a Roma el poder de Octavio es enorme, tanto como lo es la influencia sobre sus legiones.

En el año 27 a. C. se estableció una ficción de normalidad política en Roma, otorgándosele a Augusto, por parte del Senado, el título de Imperator Caesar Augustus (emperador César Augusto). El título de emperador, que significa «vencedor en la batalla» le convertía en comandante de todos los ejércitos. Aseguró su poder manteniendo un frágil equilibrio entre la apariencia republicana y la realidad de una monarquía dinástica con aspecto constitucional (Principado), en cuanto compartía sus funciones con el Senado, pero de hecho el poder del príncipe era completo. Por ello, formalmente nunca aceptó el poder absoluto aunque de hecho lo ejerció, asegurando su poder con varios puestos importantes de la república y manteniendo el comando sobre varias legiones. Tras su muerte Octaviano fue consagrado como hijo del Divus (divino) Julio César, lo cual le convertiría, a su muerte, en dios.

Octaviano, más conocido como Augusto, aprendió de la caída de Julio César y evitó sus errores.

En el plano militar Augusto estabilizó las fronteras del Imperio romano en lo que él consideraba debían ser sus límites máximos de extensión en el norte. El limes Elba-Danubio. Asimismo, finalizó la conquista de Hispania doblegando las últimas tribus del Norte de las montañas cantábricas: cántabros y astures, que permanecían aún al margen del control militar romano. Esta sangrienta lucha final sería conocida como las Guerras Cántabras. Tan difícil fue la tarea que Augusto se trasladó personalmente con toda su corte a la península ibérica estableciendo Tarraco como capital provisional imperial. En este periodo a urbe experimentó un gran crecimiento urbanístico. Hacia el 17 a. C. Hispania pasa a dominio romano por completo, quedando el territorio organizado en tres provincias: Lusitania, Tarraconensis y Baetica, además de la provincia Transduriana, que organizaba los territorios recién conquistados del Noroeste, y de cuya existencia tenemos noticia por un epígrafe, aparecido en El Bierzo, recientemente descubierto: el Edicto del Bierzo.

En el sur, en Egipto batalló contra las tropas unidas de Marco Antonio y Cleopatra, a las que venció en la batalla de Actium(14d.c). Más tarde, la conquista de las tierras de los Ptolomeo, el general que gobernó Egipto cuando murió Alejandro Magno, y cuyo linaje era ostentado por Cleopatra, fue finalizada desde Alejandría hasta casi el desierto del Sahara.

En el norte, Augusto también obtuvo grandes victorias adquiriendo para el Imperio Germania Magna cuyos límites se extendían a lo largo del Río Elba. Pero esta situación no duraría mucho, Augusto confió la dirección de la provincia a un inexperto gobernador Publio Quintilio Varo. Su ineptitud y su poco entendimiento de las culturas locales, nada acostumbradas a plegarse frente a un conquistador incrementaron los recelos de los lugareños. Así fue como el 9 a. C. una rebelión protagonizada por Arminio aniquiló las tres legiones de Varo en una brutal emboscada conocida como la batalla del bosque de Teutoburgo. La reacción romana permitió evacuar no sin problemas el resto cuerpos militares acantonados en Germania. Augusto escandalizado ante el desastre militar exclamaría ¡Quintilio Varo devuélveme mis legiones!. Finalmente y, a pesar de los deseos iniciales de Augusto, las legiones se retiraron a defender el frente del Rin. Así el sistema de límites nórdico se mantendría estable hasta el colapso del Imperio en la menos firme frontera Rin-Danubio. Augusto recomendó a su sucesor Tiberio que no tratara de extender más allá sus fronteras.

La dinastía Julio-Claudia (14-69)

Expansión Imperio romano en 218 (rojo), 89 (rosa), 44 a. C. (naranja), 14 (amarillo), y 117 (verde).

Los sucesores de Augusto no demostraron ser especialmente dotados, evidenciando las debilidades de un sistema dinástico hereditario. Tiberio, Calígula y Nerón fueron especialmente despóticos, dejándose llevar incluso por los excesos de locura que pusieron a prueba la fortaleza del sistema consolidado bajo la sabia administración de Octavio.

Tiberio (14 – 37 d. C.)

Tiberio era hijo de Livia Drusilla, esposa de Octavio. Tras la muerte de los sucesores idóneos de Octavio, este tuvo que nombrarlo como su heredero. En lo militar, fue brillante; con su conquista comenzó a formar lo que sería la frontera norte del Imperio Romano. Pero el recuerdo de su figura personal es el de un hombre retraído, sombrío y extraño. Se dice que la corona de César le pesaba mucho. Comienza a volverse cruel e impone un gobierno de terror, presumiblemente por la muerte de su hijo, en el 23 d. C. En el 26 se apartó de la vida en Roma y dejó la administración del imperio a sus dos prefectos pretorianos: Lucio Elio Sejano y Quinto Sutorio Macro. A pesar de que al principio, Tiberio fue cediéndole el poder y el trono a Sejano, del cual su crueldad y poder fueron aumentando. Mientras Tiberio estaba en Capri, tuvo que destituirlo y ejecutarlo junto al Senado y la aristocracia romana, quienes no soportaban a Sejano, en el 31. Pero, al parecer era más partidario de Sejano de lo que se creía, porque comenzó a vengarse de todos aquellos que hundieron a Sejano y lo presionaron. Mató a muchos senadores y se granjeó muchas enemistades. Su estabilidad mental comenzó a decaer, hasta que se sumió en un estado de total paranoia, hasta su muerte.

Calígula (37 – 41 d. C.)

Calígula era hijo del general romano Germánico. Tras la muerte de Tiberio, tuvo que compartir brevemente el poder con su hermano, Tiberio Gemelo. Tras deshacerse de él, tomó las riendas del poder. Durante los primeros meses de reinado, su gestión fue impecable. Pero tras una enfermedad, (que según algunos historiadores fue mental) comenzó a gobernar de mal en peor. Condujo a Roma a una hambruna y a una crisis económica orginada por los cuantiosos gastos de las Arcas Imperiales. Llegó, en su desesperación, a pedir dinero a la clase media y a los plebeyos. Tuvo unos pequeños triunfos militares como la anexión de la provincia de Mauritania. Los primeros rasgos de demencia los mostró al pedir a sus soldados, que, en vez de atacar a los britanos, se pusieran a recoger conchas. Fue pervertido al extremo de realizar, en reiteradas ocasiones, orgías sexuales, incluso con sus hermanas. Fue un real demente. Llegó a nombrar a su caballo cónsul de Roma. Fue asesinado en el 41 por una conspiración de pretorianos y senadores.

Claudio (41 – 54 d. C.)

Claudio era el tío de Calígula. Uno de sus rasgos más conocidos en su extrema cojera, tartamudez y numerosos tics que le apartaron de la política. Fue nombrado cónsul y senador por Calígula, y se cree que exageró estos defectos para pasar inadvertido ante él. Tras el asesinato de Calígula, la Guardia Pretoriana lo nombró emperador, pensando que sería un idiota ocupando un cargo que no ejercería, es decir, un títere. Pero lo que nadie se esperó, es que cuando asumió el poder se convirtió en uno de los mejores, más brillantes y efectivos emperadores de la historia del Imperio Romano. Fue un excelente gobernante y estratega militar. Además, era tremendamente popular entre la plebe. El Imperio se expande y logra conquistar Britania. Fue un excelente legislador en materia de Derecho. Sus defectos eran objeto de burlas entre la aristocracia, por lo que, para obtener respeto, descubrió muchas traiciones y corrupciones que hicieron rodar varias cabezas senatoriales. Su extremo autoritarismo fue clave para imponer respeto. En materia de Obras Públicas, construyó numerosas infraestructuras. Llegó a ejercer de juez en muchísimos casos. Se mostró muy integrador, nombrando a gente rica de provincias como senadores, contrarrestando la asfixiante xenofobia de la sociedad romana. Destruyó las reformas judiciales de Calígula y estableció las suyas propias. A pesar de su inflexibilidad, se mostró respetuoso y afable con el Senado. Fue finalmente asesinado por su segunda esposa, Agripina la Menor, en el 54.

Nerón (54 – 68 d. C.)

Nerón acabó tomando el trono, o arrebatándoselo al verdadero sucesor, su hermano Británico, gracias a las artimañas de su madre, Agripina la Menor. Terminó asesinando a Británico, para asegurarse en el poder. Durante los 5 primeros años de su administración, se le conoció por su extremada condescendencia y buen juicio. Esto en gran parte a los consejos del Prefecto de la Guardia Pretoriana, Sexto Afranio Burro, y al filósofo Séneca. Pero tras haberlos apartado de su lado, nombró como prefecto a Ofonio Tigelino, que acabó siendo una mala influencia. Las ambiciones de poder de su madre, Agripina, la llevaron a la muerte por su propio hijo. Mató también a su primera esposa, Octavia, y a su segunda esposa, Popea Sabina. En el 64 d. C., Roma entera ardió en una de los más grandes incendios de la historia. Se dice que Nerón mandó a incendiarla para reconstruirla, pero él decidió culpar a los cristianos. Se le conoció por un delirio de músico: creía que era un gran músico, y completaba giras catando y actuando ante el público, lo que era una vergüenza para la aristocracia romana. Ante su incompetencia, el general Galba acabaría derrocándole, en el 68 d. C.

El Año de los Cuatro Emperadores

Tras el derrocamiento de Nerón en el 68 d. C., Roma se vio sumida en una anarquía que desembocaría en el llamado “Año de los cuatro emperadores”, en donde Galba, Otón y Vitelio representaron sucesivos intentos para restablecer el orden, siendo derrocados hasta el establecimiento de Vespasiano, fundador de la Dinastía Flavia.

Galba

Galba, tras haber perdido al gobernador Cayo Julio Vindex, marchó con sus legiones hacia Roma, en medio de un gran clima de hostilidad en la ciudad.

En el curso de los acontecimientos no sólo no dio a las legiones germanas la recompensa que esperaban por su lealtad, sino que además recibieron acusaciones de haber obstruido el camino de Galba al trono. Su comandante, Rufus, fue inmediatamente reemplazado por el nuevo emperador. La pérdida de confianza en la lealtad germana llevó a despachar al cuerpo de guardia imperial de Batavia. Mientras en el resto del Imperio se celebraba la muerte de Nerón, para la rebelión del Rin fue una pérdida.

La popularidad de Galba no duró mucho. En su camino hacia Roma destruyó o hizo pagar enormes sanciones a ciudades que no aceptaron su autoridad de inmediato. En Roma, Galba canceló todas las reformas de Nerón, incluyendo algunas medidas que habían beneficiado a personas importantes. Al igual que su predecesor, Galba padeció un irracional miedo a las conspiraciones y mandó ejecutar a muchos senadores y equites, sin pruebas. El descontento en el ejército se mantenía. Después de su salvadora llegada a Roma, Galba rechazó pagar los estipendios que prometió a los soldados que le apoyaron. Es más, con el estallido de la guerra civil el 1 de junio del 69 d. C. las legiones de Germania Inferior se negaron a jurar lealtad y obediencia al nuevo emperador. Al día siguiente, las legiones aclamaban a Vitelio, su gobernador, como emperador.

Al conocer la pérdida del control de las legiones del Rhin, Galba se aterrorizó. Adoptó a un joven senador, Lucio Calpurnio Pisón Liciniano, como su sucesor. Al hacer esto ofendió a mucha gente, sobre todo a Marco Salvio Otón, un personaje influyente y ambicioso que deseaba los honores para sí mismo. Otón sobornó a la Guardia Pretoriana que además estaba descontenta con el emperador. Cuando Galba tuvo noticias del golpe de Estado que se fraguaba, marchó por las calles en un intento de normalizar la situación tratando de que la gente se pusiera de su lado, pero nadie lo hizo. Finalmente fue asesinado por la guardia pretoriana en el Foro Romano.

Otón

Otón fue reconocido como emperador por el Senado el mismo día de la muerte de Galba. El nuevo emperador fue recibido con alivio. A pesar de su ambición y codicia, a Otón no se le conocía que fuera tiránico ni cruel, por lo que se esperaba que fuese un emperador justo. Pero estaba el problema de Vitelio, quien llevaba días marchando hacia Italia desde Germania.

Vitelio poseía el mando de las legiones de élite del imperio, compuestas por veteranos de las Guerras germánicas, como la I Germánica y la XXI Rapax. Estos eran sus mejores argumentos para conseguir el poder. Otón no tenía intenciones de iniciar otra guerra civil y envió mensajeros para proponer una paz e invitar a Vitelio a ser su hijo adoptado. Sin embargo, era ya demasiado tarde, y el ejército de Vitelio golpeó Italia con una serie de victorias menores. Otón fue finalmente derrotado en la Batalla de Bedriacum. En vez de huir e intentar un contraataque, Otón decidió poner fin a la anarquía suicidándose. Había sido emperador durante poco más de tres meses.

Vitelio

Vitelio tras la noticia del suicidio de Otón, fue reconocido como emperador por el Senado. Con la aceptación garantizada, Vitelio salió de Roma. A pesar de todo el comienzo de su reinado no fue favorable. La ciudad acogió con inquietud el acceso al cargo como Pontifex Maximus de Vitelio en las misma fecha del aniversario de la Batalla de Alia (en 394 a. C.), un día de malos auspicios para la supersticiosa sociedad romana.

Los acontecimientos que seguirían demostrarían la certeza de tales temores. Con el trono fuertemente asegurado, Vitelio inició una serie de fiestas, banquetes (EL historiador Suetonio cita tres en un mismo día: mañana, mediodía y noche) y desfiles que llevaron a la tesorería imperial a la bancarrota. Pronto se acumularon las deudas y los prestamistas empezaron a solicitar los pagos. Vitelio mostró su naturaleza violenta al reprimir con crueldad el atrevimiento de los demandantes mediante torturas y ejecuciones. Con las finanzas imperiales en un estado pésimo, Vitelio hizo asesinar a todos los ciudadanos que se llamasen como él o su heredero. Se desató entonces una persecución de cualquier posible rival invitándoles a palacio con promesas de poder para después asesinarles.

Mientras tanto, las legiones estacionadas en las provincias de Oriente próximo, Judea y Siria, aclamaron a Vespasiano como emperador. Vespasiano había sido un comandante excepcional en Judea bajo el mandato de Nerón en el año 67 cuando asumió la tarea de sofocar la rebelión judía. Se ganó el apoyo del gobernador de Siria, Cayo Licinio Muciano. Las experimentadas legiones que habían combatido duro en Judea marcharon sobre Roma al mando de Muciano. Vespasiano viajó a Alejandría, donde fue aclamado como Emperador el 1 de julio obteniendo el control de los vitales suministros de grano de Egipto. Tito, el hijo de Vespasiano, permaneció en Judea para acabar con la rebelión judía. Antes de que las legiones orientales pudieran alcanzar Roma, las legiones danubianas de las provincias de Recia y Mesia aclamaron a Vespasiano como emperador en agosto y encabezaron la invasión de Italia al mando de Marco Antonio Primo. En octubre las fuerzas de Primo obtuvieron una aplastante victoria sobre el ejército de Vitelio en la segunda Batalla de Bedriacum.

Rodeado de enemigos, Vitelio hizo un último intento de ganarse el apoyo de la ciudad, sobornó y prometió poder a quien hizo falta. Mientras, los ejércitos del Danubio estaban cada vez más cerca. Ante la inminente amenaza, Vitelio trató de ganar tiempo y envió a unos emisarios acompañados por vírgenes vestales para negociar una tregua e iniciar conversaciones de paz. Al día siguiente, los mensajeros volvieron con la noticia de que el enemigo estaba a las puertas de la ciudad. Vitelio se dispuso entonces a esconderse y huir, pero antes decidió hacer una última visita al palacio. Allí fue asesinado por uno de los hombres de Vespasiano.

El Senado acogió al día siguiente a Vespasiano como emperador. Esto ocurrió el 21 de diciembre del 69, el mismo año que había empezado con Galba en el trono.

La Dinastía Flavia (69 – 96 d. C.)

Vespasiano (69 – 79 d. C.)

Vespasiano descendía de una familia del ordo equester que había alcanzado el rango senatorial durante los reinados de los emperadores de la Dinastía Julio-Claudia. Siendo designado cónsul en 51, ganó renombre como comandante militar, destacando en la invasión romana de Britania (43). Comandó las fuerzas romanas que hicieron frente a la rebelión de los judíos del año 66. Cuando se disponía a sitiar Jerusalén, la capital rebelde, el emperador Nerón se suicidó, sumiendo al Imperio en un año de guerras civiles conocido como el Año de los Cuatro Emperadores. Tras la rápida sucesión y fallecimiento de Galba y Otón y el ascenso al poder de Vitelio, los ejércitos de las provincias de Egipto y Judea proclamaron emperador a Vespasiano el 1 de julio de 69 En su camino hacia el trono imperial, Vespasiano se alió con el gobernador de Siria, Cayo Licinio Muciano, quien condujo las tropas de Vespasiano contra Vitelio, mientras el propio Vespasiano tomaba el control sobre Egipto. El 20 de diciembre, Vitelio fue derrotado y al día siguiente Vespasiano fue proclamado emperador por el Senado.

Poca información ha sobrevivido del reinado de Vespasiano tras sus diez años de gobierno. Destaca de su reinado el programa de reformas financieras que promovió, tan necesario tras la caída de la Dinastía Julio-Claudia, su exitosa campaña en Judea y sus ambiciosos proyectos de construcción como el Anfiteatro Flavio, conocido popularmente como el Coliseo Romano. Tras su muerte el 23 de junio de 79 fue sucedido en el trono por su hijo mayor, Tito.

Tito (79 – 81 d. C.)

Tito, antes de ser proclamado emperador alcanzó renombre como comandante militar al servir a las órdenes de su padre en Judea, durante el conflicto conocido como la Primera Guerra Judeo-Romana (67 – 70). Esta campaña sufrió una breve pausa tras la muerte del emperador Nerón (9 de junio de 68), cuando su padre fue proclamado emperador por sus tropas (21 de diciembre de 69). En este punto, Vespasiano inició su participación en el conflicto civil que asoló al Imperio durante el año de su nombramiento como emperador, conocido como el año de los cuatro emperadores. Tras dicho nombramiento recayó sobre Tito la responsabilidad de acabar con los judíos sediciosos, tarea que realizó de forma satisfactoria tras sitiar y destruir Jerusalén (70), cuyo templo fue destruido en el incendio. Su victoria fue recompensada con un triunfo y conmemorada con la construcción del Arco de Tito.

Bajo el reinado de su padre, Tito cosechó recelos entre los ciudadanos de Roma debido a su servicio como prefecto del cuerpo de guardaespaldas del emperador, conocido como la Guardia Pretoriana, y también debido a su intolerable relación con la reina Berenice de Cilicia. A pesar de estas faltas a la moral romana, Tito gobernó con gran popularidad tras la muerte de Vespasiano el 23 de junio de 79 d. C. y es considerado como un buen emperador por Suetonio y otros historiadores contemporáneos.

Lo más importante de su reinado fue su programa de construcción de edificios públicos en Roma (Tito finalizó el anfiteatro Flavio, conocido comúnmente como el Coliseo). La enorme popularidad de Tito también se debió a su gran generosidad con las víctimas de los desastres que sufrió el Imperio durante su breve reinado, la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. y el incendio de Roma de 80 d. C. Tras dos años en el cargo, Tito falleció a causa de unas fiebres, el 13 de septiembre de 81 d. C. La gran popularidad de Tito hizo que el Senado lo deificara. Tito fue sucedido por su hermano menor, Domiciano.

Domiciano (81 – 96 d. C.)

Su juventud y los inicios de su carrera transcurrieron a la sombra de su hermano Tito, que alcanzó considerable renombre militar durante las campañas en Germania y Judea de los años 60. Dicha situación se mantuvo durante el reinado de su padre Vespasiano, coronado emperador el 21 de diciembre de 69, tras un largo año de guerras civiles conocido como el Año de los Cuatro Emperadores. Al tiempo que su hermano gozó de poderes semejantes a los de su padre, él fue recompensado con honores nominales que no implicaban responsabilidad alguna. A la muerte de su padre el 23 de junio de 79, Tito le sucedió pacíficamente, pero su corto reinado finalizó abrupta e inesperadamente a su muerte por enfermedad, acaecida el 13 de septiembre de 81. Al día siguiente Domiciano fue proclamado emperador por la Guardia Pretoriana; su reinado, que duraría quince años, sería el más largo desde el de Tiberio.

Las fuentes clásicas le describen como un tirano cruel y paranoico, ubicándole entre los emperadores más odiados al comparar su vileza con las de Calígula o Nerón. No obstante, la mayor parte de las afirmaciones acerca de él tienen su origen en escritores que le fueron abiertamente hostiles: Tácito, Plinio el Joven y Suetonio. Dichos hombres exageraron la crueldad del monarca al efectuar adversas comparaciones con los Cinco Buenos Emperadores que le sucedieron. A consecuencia de todo ello, la historiografía moderna rechaza la mayor parte de la información que contienen las obras de estos escritores al considerarles poco objetivos. Se le describe como un autócrata despiadado pero eficiente, cuyos programas pacíficos, culturales y económicos fueron precursores del próspero siglo II, en comparación con el turbulento crepúsculo del siglo I. Su muerte marcó el final de la Dinastía Flavia, así como la instauración de la Antonina.

La Dinastía de los Antoninos

Tras la muerte de Domiciano en el 96, se sucedió la Dinastía de los Antoninos, de los cuales sus cinco primeros emperadores fueron conocidos dentro de la Dinastía de los Cinco Emperadores Buenos, porque todos fueron sabios y dirigieron muy bien Roma. Esto gracias a un nuevo sistema de sucesión que se basaba en la designación del sucesor, en vez de ser el pariente más cercano. Es así como se aseguró una buena sucesión, hasta que Marco Aurelio rompe la norma, designando a su hijo, Cómodo, decisión que resultaría desastrosa.

Nerva (96 – 98 d. C.)

Nerva, a su adhesión al trono contaba con 65 años; este reputado senador había dedicado su vida al servicio del Imperio durante los reinados de Nerón, Vespasiano, Tito y Domiciano. Con Nerón como emperador fue miembro del séquito imperial y desempeñó un importante papel en el descubrimiento de una conspiración contra el emperador orquestada por el senador Cayo Calpurnio Pisón (65). Tras esto se le recompensó con dos consulados (71 y 90).

El 18 de septiembre del año 96, el emperador Domiciano fue asesinado víctima de una conspiración palaciega en la que se vieron implicados varios miembros de la Guardia Pretoriana y varios libertos. Al día siguiente el Senado le nombró emperador; como nuevo monarca juró restaurar los derechos que habían sido abolidos o simplemente obviados durante el reinado de Domiciano. Sin embargo, su administración estuvo marcada por problemas financieros y por su falta de habilidad a la hora de tratar con las tropas. Una rebelión de la Guardia Pretoriana en el año 97 casi lo forzó a adoptar al popular Marco Ulpio Trajano como su heredero y sucesor. Tras lo que aproximadamente fueron dieciocho meses de gestión, Nerva murió de muerte natural el 27 de enero de 98. A su muerte fue sucedido por su hijo adoptivo, Trajano.

Aunque se desconoce gran parte de la vida de Nerva, es considerado por los historiadores antiguos como un emperador sabio y moderado. Esta opinión ha sido confirmada por los historiadores modernos, uno de los cuales, Edward Gibbon, llama a Nerva y a sus cuatro sucesores, los Cinco Buenos Emperadores. La adopción de Trajano como heredero finalizó con la tradición de los anteriores emperadores, que nombraban a alguno de sus parientes como hijo adoptivo en el caso en que no les sucedieran sus propios hijos.

Trajano (98 – 117 d. C.)

Trajano, sucedió al emperador Nerva en el año 98. Como administrador civil, Trajano es conocido sobre todo por su amplio programa de construcción de edificios públicos, que reformaron la ciudad de Roma y dejó numerosos monumentos perdurables como el foro de Trajano, el mercado de Trajano y la Columna Trajana. Sin embargo, fue como comandante militar por lo que celebró sus mayores triunfos. En 101, lanzó una expedición punitiva contra el reino de Dacia gobernado por el rey Decébalo, derrotando al ejército dacio cerca de Tapae en 102, y finalmente conquistó Dacia completamente en 106. En 107, Trajano fue más al Este y se anexionó el reino nabateo, estableciendo la provincia de Arabia Pétrea. Después de un período de relativa paz dentro del Imperio, lanzó su campaña final en 113 contra Partia, llegando hasta la ciudad de Susa en 116, y alcanzando con ello la máxima expansión del Imperio Romano en toda su historia. Durante esta campaña, Trajano enfermó y falleció mientras volvía a Roma. Fue deificado por el Senado y sus cenizas se enterraron bajo la Columna Trajana. Le sucedió su sobrino Adriano.

Adriano (117 – 138 d. C.)

Adriano nació en Itálica, en el seno de una familia acomodada oriunda del Piceno (Italia) y establecida a fines del siglo III a. C. en Itálica (Hispania Baetica), cerca de la moderna ciudad de Sevilla (España). Era sobrino segundo por línea materna de Trajano, quien, aunque nunca le nombró públicamente su heredero, le dio varias muestras de preferencia durante su reinado y, de acuerdo con lo manifestado por su esposa, Pompeia Plotina, lo declaró como tal momento antes de morir.

Aunque es posible que debiera el trono sobre todo al favor de Plotina, su condición de posible sucesor fue siendo marcada por el propio Trajano durante su reinado. Así, en el periodo comprendido entre los años 100 – 108 le concedió la mano de Vibia Sabina, le nombró quaestor Imperatoris y comes Augusti, le regaló el diamante de Nerva como «esperanza de sucesión» y le recomendó como consul suffectus, amén de otros honores y distinciones. Aunque era descendiente de Trajano, el apoyo de Plotina y de Lucio Licinio Sura (m. en 108) fueron determinantes en su ascenso al trono.

Sus relaciones con el Senado no fueron buenas; quizá tuviera algo que ver con ello el que Adriano, a diferencia de muchos emperadores anteriores, no deseara desempeñar el consulado ordinario más que dos veces, ambas consecutivas y al comienzo de su reinado: en el primer semestre de 118, teniendo como collega a su sobrino, el barcinonense Cneo Pedanio Fusco Salinator, y, en el primer cuatrimestre de 119, con Publio Dasumio Rústico, otro posible pariente, esta vez de los Dasumii italicenses. Asimismo, las reformas administrativas llevadas a cabo durante su reinado suscitaron la oposición de los senadores; el emperador modernizó el sistema administrativo estatal ascendiendo a expertos y tecnócratas, lo que supuso que muchas secciones de la administración quedaran en manos de estos funcionarios. A causa de ello la élite senatorial y aristocrática vio mermada su influencia.

Antonino Pío (138 – 161 d. C.)

Antonino Pío, tras desempeñar con un sorprendente éxito los cargos de cuestor y pretor, obtuvo el consulado en 120. Fue posteriormente nombrado por Adriano como uno de los cuatro procónsules que administraban Italia. Su labor durante su proconsulado en Asia aumentó en gran medida su reputación gracias a su buena conducta. Antonino Pío fue favorecido durante su carrera por Adriano, que lo adoptó como su heredero el 25 de febrero de 138, tras la muerte de su hijo adoptivo Lucio Aelio Vero, con la condición de que el propio Antonino Pío adoptara a Marco Annio Vero, el hijo de la mujer de su hermano, y a Lucio, hijo de Aelio Vero, que después se convertirían en los emperadores Marco Aurelio y Lucio Vero.

Su reinado transcurrió pacíficamente, a pesar de una serie de disturbios militares que asolaron el Imperio durante su gobierno en Mauritania, Judea y en Britania contra los brigantes, aunque ninguna de estas insurrecciones se consideran de importancia. Se cree que la insurrección en Britania llevó al Emperador a erigir el Muro de Antonino en el Fiordo de Forth y el Fiordo de Clyde, a pesar de que fue pronto abandonada. Fue uno de los pocos emperadores que se enfrentaron a las crisis de su gobierno sin salir de Italia, tratando los asuntos bélicos provinciales a través de gobernadores o por medio de cartas a ciudades como Éfeso. Este estilo de gobierno fue muy elogiado por sus contemporáneos y por las generaciones futuras.

Poco se conoce de la política exterior del gobierno de Antonino, aunque a juzgar por los eventos consecuentes de ella, no acaecieron importantes acontecimientos durante este periodo, comparado con sus antecesores y predecesores en el trono. Algunos historiadores defienden que trató con gran cuidado los asuntos del Imperio, o que tal vez se desinteresó de los eventos que sucedieron en el exterior de Italia, y de su inactividad se derivaron los problemas a los que se tuvo que enfrentar, no solo Marco Aurelio, sino un gran número de emperadores del S. III.Antonino Pío mantuvo buenas relaciones con el Senado, en contraste con su predecesor Adriano. Su reinado, junto con el de sus predecesores Trajano y Adriano, y el de su sucesor Marco Aurelio, se conoce como la Edad de Oro del Imperio Romano.

Marco Aurelio (161 – 180 d. C.)

Su gobierno estuvo marcado por los conflictos militares en Asia frente a un revitalizado Imperio Parto y en Germania frente a las tribus bárbaras asentadas a lo largo del Limes Germanicus, en la Galia y a lo largo del Danubio. Durante su reinado tuvo que hacer frente a una revuelta en las provincias del Este liderada por Avidio Casio a la cual aplastó.

La gran obra de Marco Aurelio, Meditaciones, escrita durante las campañas de la década de 170, todavía es considerada como un monumento al gobierno perfecto. Es descrita como “una obra escrita de manera exquisita y con infinita ternura”.

Cómodo (180 – 192 d. C.)

Cómodo fue el primer emperador que sucedía en el trono a su padre desde el reinado de Tito. El joven hijo de Marco Aurelio fue también el primer emperador «nacido para la púrpura» (símbolo de realeza romana), ya que era el primero que nacía cuando su padre ya había ascendido al trono.

Su gobierno puede dividirse en dos fases:

  • 177 – 180. Reinado conjunto con su padre, Marco Aurelio. En esta etapa las acciones de Cómodo se pueden definir como moderadas. Entre otras cosas, Cómodo luchó con los ejércitos del Danubio.
  • 180 – 192. Gobierno en solitario. El modo de reinar del joven fue degenerando en una paranoia incontrolable que llevó al Imperio Romano a una de sus mayores crisis desde los gobiernos de Calígula, Nerón o Domiciano.

A su muerte, el Imperio se sumió en una época de guerras civiles conocida como el Año de los cinco emperadores. Al término de este conflicto asumió el trono Septimio Severo, quien instauró la Dinastía de los Severos.

La dinastía Severiana (193-235)

Tras un breve periodo anárquico Septimio Severo, militar no perteneciente a la aristocracia romana, consigue establecer una nueva dinastía el año 193, para ello debería salir victorioso en la mayor y más sangrienta confrontación entre ejércitos romanos (Batalla Lugdunum). Alejandro Severo es el último emperador de esta línea hereditaria, dando paso a la tercera anarquía (la primera fue el año de los cuatro emperadores y la segunda la que precedió a los Severos). A partir de ahora se suceden en el trono varios emperadores que llegan al poder gracias a haber subido en el escalafón militar por méritos sin ser necesariamente de procedencia noble. El primer emperador de esta nueva era es Maximino el Tracio, hijo de campesinos y procedente de una zona de la actual Bulgaria.

El Bajo Imperio (284-395)

Diocleciano y la tetrarquía (284-395)

  • Diocleciano
  • Tetrarquía
  • Dinastía constantiniana
  • Dinastía valentiniana
  • Dinastía teodosiana

La dinastía constantiniana (305-363)

La dinastía valentiniana (364-395)

El fin del Imperio romano de Occidente (395-476)

A principio del siglo V, las tribus germánicas, empujadas hacia el Oeste por la presión de los pueblos hunos, procedentes de las estepas asiáticas, penetraron en el Imperio Romano. Las fronteras cedieron por falta de soldados que las defendiesen y el ejército no pudo impedir que Roma fuese saqueada por visigodos y vándalos. Cada uno de estos pueblos se instaló en una región del imperio, donde fundaron reinos independientes. Uno de los más importantes fue el que derivaría a la postre en el Sacro Imperio Romano Germánico.

Sólido bizantino de Odoacro en nombre del Zenón

El emperador de Roma ya no controlaba el Imperio, de tal manera que en el año 476, un jefe bárbaro, Odoacro, destituyó a Rómulo Augústulo, un niño de 15 años que fue el último emperador Romano de Occidente y envió las insignias imperiales a Zenón, emperador Romano de Oriente.

Sociedad

La sociedad romana se configura de dos clases sociales que tenían la ciudadanía romana: una aristocracia de propietarios (patricii, patricios) y una clase popular que luchaba por conseguir derechos (plebs, plebeyos). Como ya se ha dicho anteriormente, la economía estaba basada en el sistema de producción esclavista, donde la mayoría de los esclavos eran prisioneros de guerra. Existían mercados de esclavos donde se comerciaba con ellos como si fuesen simples mercancías.

Así pues la sociedad romana estaba dividida en:

  • Patricios: la clase dominante que poseía todos los privilegios tanto fiscales, como judiciales, políticos y también culturales.
  • Plebeyos: eran el pueblo que no gozaba de todos los derechos ni privilegios.
  • Esclavos: no tenían derechos y eran posesión de sus amos. El esclavismo era toda una institución social en Roma. No fue un esclavismo de raza, como sí lo sería siglos después. En Roma cualquiera podía ser esclavo; la fuente de esclavos provenía sobre todo de pueblos conquistados, pero también de delincuentes u otra gente que fuera degradada a esa clase social por algún motivo. En realidad el esclavismo no era más que la clase social más baja. Y como toda clase, también era posible ascender a veces comprando la propia libertad, o simplemente por el deseo expreso del amo que se formalizaba con el acto de manumisión, un privilegio exclusivo de todo propietario que convertía al esclavo en liberto (esclavo liberado).

III. La Religión

III.I. los dioses

BACO

Dios del vino, identificado con Dioniso, el dios griego del vino, y con Liber, el dios romano del vino. Hijo de Júpiter, se le suele caracterizar de dos maneras: una como dios de la vegetación, específicamente de los frutos de los árboles, que aparece representado a menudo en los vasos áticos con un cuerno con bebida y racimos de uvas.

Como llegó a ser el dios popular griego del vino y el regocijo, se dice que en algunos de sus festivales se producían milagros en los que el vino era el ingrediente predominante.

La segunda caracterización del dios apunta a los misterios de una divinidad que inspiraba cultos orgiásticos, de los que son ejemplo las ménades o bacantes. Este grupo de mujeres abandonaba el hogar y vagaba por el desierto entrando en un estado de éxtasis en su devoción al dios. Vestían pieles de cervatillo y se creía que poseían poderes ocultos.

El nombre Baco llegó a usarse en la antigua Grecia durante el siglo V a.C. Se refiere a los fuertes gritos con los que se adoraba al dios en las bacanales, frenéticas celebraciones en su honor.

Estos hechos, supuestamente originados en las fiestas de la naturaleza primaveral, llegaron a ser ocasión de embriaguez y de actos licenciosos y disolutos, en los que los celebrantes danzaban y bebían. Las bacanales se hicieron cada vez más desenfrenadas. Por esta razón, el Senado romano las prohibió en el año 186 a.C. En el siglo I d.C., sin embargo, los misterios dionisíacos eran aún populares, como lo demuestran las representaciones alusivas encontradas en sarcófagos griegos.

BELONA

Diosa de la guerra. Se la identifica a menudo con la diosa griega de la guerra Enio. En la mitología posterior, se describe a Belona como la hermana, hija o esposa del dios romano de la guerra, Marte, y a veces como su auriga o musa.

Su templo que se le consagró en Roma en el año 296 a.C., se encuentra en el Campo de Marte, cerca del altar de Marte, fuera de las puertas de la ciudad. Allí se reunía el Senado para recibir a los embajadores extranjeros.

En la columna bélica, situada enfrente del templo de Belona, los feciales (oficiales con función de sacerdotes) realizaban la ceremonia de la declaración de guerra.

CARMENTA

Ninfa de las aguas, poseía el don profético y se considera que fue ella la que escogió el emplazamiento de Roma. Se convirtió en la diosa de los partos.

CERES

Diosa de la agricultura. Ella y su hija Proserpina eran equivalentes a las diosas griegas Démeter y Perséfone.
La creencia griega de que su júbilo al reunirse con su hija cada primavera hacía que la tierra produjera frutos y granos en abundancia fue introducida en Roma en el siglo V a.C., y su culto se volvió sumamente popular, sobre todo entre los plebeyos.
La palabra cereal deriva de su nombre. Su festividad más importante, las Cerealia, se celebraba del 12 al 19 de abril.

CUPIDO

Tratándose de un dios mitológico, resulta extraño que Cupido sea representado con la figura de un niño. De hecho, su propia madre, Venus, se sorprendió cuando vio que pasaba el tiempo y la criatura no crecía como era de desear. Así que fue hasta el oráculo de Temis para consultarle su problema, y éste le contestó: “El Amor no puede crecer sin Pasión”. Lo cierto es que Venus no acabó de entender esa respuesta… Hasta que nació su hijo Anteros, el dios de la pasión. Cuando estaba junto a él, Cupido crecía hasta convertirse en un apuesto joven; pero cuando se separaban, el dios del amor volvía a su forma infantil y seguía con sus travesuras.
Cupido no sólo hacía nacer el amor en los demás, sino que, también él lo experimentó en sus propias carnes. Por aquel entonces vivía en la Tierra una princesa llamada Psique, a la que Venus envidiaba por su gran belleza. Celosa, la diosa decidió acabar con la joven y ordenó a Cupido que se encargara del asunto. Pero su hijo, al verla, se enamoró de Psique y no cumplió con su cometido. Más bien al contrario: se casó con ella.

Como mortal, Psique tenía prohibido mirar a Cupido, y respetó esa norma hasta que un día, incitada por sus hermanas, no resistió más y le echó el ojo a su marido. Eso le valió el castigo de ser abandonada: desde entonces, Psique recorrió el mundo en busca de su amado superando los obstáculos que le ponían los dioses. Finalmente, los del Olimpo se compadecieron de ella, la hicieron inmortal y le permitieron volver a reunirse con Cupido.

DIANA

Diosa de la luna y de la caza. Equivalente latina de la virginal diosa griega Ártemis, Diana era la guardiana de las corrientes y los manantiales y protectora de los animales salvajes. Además, era especialmente venerada por las mujeres, y se creía que aseguraba un parto apacible a sus favoritas. En la iconografía artística se la representa habitualmente como una joven cazadora, a menudo armada de arco y flechas.

El santuario más famoso consagrado a Diana estaba sobre el lago Nemi, cerca de Aricia.

FAUNO

Fauno era un dios pastoral Romano y sería un nieto de Saturno poseyendo dones proféticos lo que inspiraba a los campesinos romanos en el campo, especialmente si tenían pérdidas, talvez esta era la razón de que a veces lo consideraban como descendiente del dios de la guerra Marte.
Los Romanos lo identificaban con el dios Griego Pan. Algunas veces el dios Griego Pan era asociado con el dios Romano Silvano, el dios de la naturaleza salvaje. Tal como su contraparte Griega, él tenía las patas y los cuernos de cabra. Fauno era una deidad oracular. El podía predecir el futuro que le era revelado durante los sueños o por medio de voces naturales que salían de arboledas sagradas. También era considerado un gran músico.
Pan estaba cantando en una ocasión y declaró que él era mejor músico que Apolo. Una competencia se realizó entre los dos, con Tmolus sirviendo de juez. Apolo tenía mejor instrumento que Pan, y fue seleccionado como el ganador. Aunque Tmolus seleccionó a Apolo como el ganador, el rey Midas no estaba de acuerdo. Tmolus le convirtió las orejas al rey en orejas de burro como castigo.
En algunas leyendas se identificaba a Fauno con un primitivo rey del Lacio, que enseñó a su pueblo como cultivar y criar ganado.
También se creía que fue él quien introdujo el sistema religioso del país y después de su muerte fue venerado como un dios.

FLORA

Diosa romana que preside la floración y la primavera. Es una de las doce divinidades antiguas a las que Tito Tacio erigió un altar en Roma. En algunas poblaciones itálicas le estaba consagrado el mes de Abril. En Roma, el rey Numa, creó para ella un sacerdote, el flamen floral.
Tras una serie de años desastrosos para las cosechas, su culto cambió y se le erigió un nuevo templo quedando fijada su fiesta el 28 de Abril. En su honor se celebraban unos juegos llamados la Floralia, que duraban hasta el 3 de Mayo. Era tradicional la participación de las cortesanas en estas festividades.
Su culto estaba dirigido a pedir la protección de la diosa para las cosechas. Se le ofrecían sacrificios de ovejas. Ella entregó a los hombres la miel y las semillas de numerosas flores. A pesar de ser una diosa enteramente itálica, Ovidio intenta relacionarla con la mitología griega. Partiendo de una falsa etimología, identifica a Flora con la ninfa griega Cloris. El relato que hace de la leyenda entre Cloris y Céfiro, realmente es una repetición del mito del rapto de Oritía por parte de Bóreas, el viento del norte, existente en la mitología griega. Se la representa adornada con flores. Dentro de la iconografía de esta diosa podemos encontrar el fresco de Stabia, realizado en el siglo I a de C., en Nápoles; “El triunfo de Flora”.

FORTUNA

La diosa de la Fortuna o de las fores, en Grecia Tyche, era la diosa de la suerte, el azar, la que rige las vidas de los hombres. Representada como mujer, de pie o sentada y que lleva consigo varios objetos, como un timón, una rama de olivo o un caduceo. El culto a esta divinidad fue introducido por Servio Tulio y se le erigió un templo en el Campigdoglio aunque en Roma tuvo varios más, como el Templo de la “Fortuna Virilis”, santuarios oraculares de Antium y Praeneste (hoy Anzio y Palestrina).
Cada emperador tenía su propia diosa Fortuna. Era la personificación de la suerte favorable o adversa apareciendo subida sobre un globo que gira, también con una rueda a su lado, aludiendo a las vueltas o cambios que la fortuna regala a los humanos.

JANO

Dios de las puertas y también de los comienzos, que según los romanos aseguraba buenos finales.
Su principal templo en el Foro romano tenía puertas que daban al este y al oeste, hacia el principio y el final del día, y entre ellas se situaba su estatua, con dos caras, cada una mirando en direcciones opuestas. En todos los hogares se le dirigía la plegaria matutina, y en toda tarea doméstica se buscaba su asistencia.
Como dios de los comienzos, se le invocaba públicamente el primer día de enero (januarius), el mes que derivó de su nombre porque inicia el nuevo año. Se le invocaba también al comenzar una guerra, y mientras ésta durara, las puertas de su templo permanecían siempre abiertas; cuando Roma estaba en paz, las puertas se cerraban.
Existen pocos mitos sobre él, pero gracias a sus extra par de ojos engañó a la ninfa Carna, la cual atraía a los hombres, y una vez que los conquistaba, se escapaba.
Jano no tiene equivalente en la mitología griega.

JUNO

En la mitología romana, diosa asimilada a Hera, hija de Saturno y de Rea, esposa de Júpiter.
En sus orígenes, divinidad homóloga de la etrusca Uni, personificaba el ciclo lunar. Tambien era relacionada con la diosa griega de la natalidad Eileithyia y nombrada por los romanos como “ella que deja ver la luz a un niño”.
Forma parte de la tríada venerada primero en el Quirinal y luego en el Capitolio junto con Júpiter y Minerva (Juno Regina). Poseía diversas atribuciones, pero fundamentalmente era protectora de las mujeres (sobre todo de las casadas), de las bodas y de los partos, como atestiguan sus otros epítetos: Juno Lucina, la que da a luz; Juno Caprotina, diosa de la fecundidad; Juno Pronuba, diosa del matrimonio; Juno Moneta, diosa de los buenos consejos; Juno Sospita, la compasiva; Juno Caelestis, la Astarté de Cartago; Juno Lucina ayudaba a las mujeres en el parto; como Juno Regina era la consejera y protectora especial del Estado romano.
El primero de marzo se celebra la fiesta dedicada a su nombre llamada “fiesta matronalia”.
El nombre del mes de junio proviene del de la diosa Juno.

JÚPITER

En la mitología romana Júpiter era el rey del cielo y de la Tierra y de todos los dioses del Olimpo como lo era Zeus en la mitología griega. La adoración de Júpiter “Optimus Maximus” (el mejor y el más grande), comenzó bajo los reyes Etruscos, los cuales en 507 a.C. fueran expulsados de Roma. Era venerado como dios de los elementos naturales como: la lluvia, el rayo y el relámpago. También era conocido como el dios de la justicia. El fue nombrado rey de los dioses en una reunión especial después que destronó al dios Saturno y a los Titanes. Con las diosas Juno y Minerva, Júpiter formaba la tríada que constituía el culto central del Estado romano.
Júpiter le dió a Plutón el dominio del inframundo y a su otro hermano Neptuno, el dominio del Mar. La esposa de Júpiter era Juno, quién era muy celosa de la atención que Júpiter le daba a otras diosas y mujeres.
Los juegos que se realizaban en el Circo Romano eran dedicados a su persona.

MARTE

Hijo de Júpiter, Marte, dios romano de la guerra, símbolo de la fuerza y la energía. Su figura está asociada con la valentía y la masculinidad. Una de las deidades romanas más importantes, se consideraba a Marte el padre del pueblo romano, porque era, junto con Hera, padre de Rómulo y Remo, los fundadores de Roma según la mitología clásica.
Originalmente un dios del año, especialmente de la primavera, los romanos identificaban a Marte con el dios griego de la guerra, Ares.
Los nombres del día martes y del mes de marzo derivan del nombre de este dios.

MERCURIO

Mercurio era el dios-mensajero de Júpiter, y era el dios de los juegos. Mercurio era también el dios de los mercaderes, del comercio y de las historias. Era hijo del dios Júpiter y Maia, la hija del titán Atlante. Maia misma era una de las Pléyades, quienes eran las hijas del titán Atlas.
El culto de Mercurio se introdujo en Roma en el año 495 a.C., cuando se le hizo un templo cerca del Circo Máximo.
Mercurio era identificado con el dios Griego Hermes.

MINERVA

Diosa de la sabiduría, hija de Júpiter. Era equivalente de la diosa griega Atenea.
Minerva nació de la cabeza de Júpiter, ya crecida y vestida con una armadura. Cruel y belicosa, era la patrona de los guerreros, la defensora del hogar y del Estado y la encarnación de la sabiduría, la pureza y la razón.
Cuentan los mitos que la tierra, el cielo y los mares se conmovieron con su nacimiento. Minerva fue el gran poder que asistía en todo a Júpiter. De ella partía el consejo, y su voz era escuchada reverentemente en la asamblea de los dioses. Era también patrona de las artes, de la artesanía y de los comerciantes.
Con Júpiter y Juno, era una de las tres deidades principales del Estado romano.

NEPTUNO

Originariamente dios de fuentes y corrientes de agua. El era hermano de Júpiter (Zeus) y de Plutón (Hades).
Después de la derrota de su padre Saturno (Cronos), los tres hermanos dividieron al mundo en tres partes para ser gobernadas por ellos. Júpiter tomó el cielo, Neptuno el mar y Plutón el inframundo. Neptuno tenía fama de tener mal genio. Las tormentas y terremotos reflejaban su rabia furiosa. Era representado como un hombre barbudo aguantando un tridente y sentado en un caracol de mar tirado por caballos de mar. Un día Neptuno vió a la ninfa acuática Anfitrite bailando en la isla de Naxos y se enamoró de ella. Rápidamente le pidió que se casara con él, pero ella se negó. Sin embargo, sin desanimarse por el rechazo de Anfitrite, Neptuno envió a unos de sus criados, un delfín a buscarla. El delfín la encontró, y le rogó mucho por la causa de Neptuno y fue tan persuasivo que la hizo cambiar de parecer. Como recompensa por encontrar y regresarle a Anfitrite, Neptuno inmortalizó al delfín al ubicarlo en el cielo como la constelación Dolphinus.
Neptuno y Anfitrite tenían varios hijos. Entre ellos estaba Tritón cuyo nombre fue dado en 1846 a la luna principal del planeta Neptuno por William Lassell.
Su festival se celebraba el 23 de julio.

PALES

Vieja divinidad romana, protectora de los rebaños, es tan pronto un dios como una diosa; por lo tanto, parece derivar de una dualidad primitiva. A esta divinidad se le consagran las fiestas de las Parilia.

PLUTÓN

Dios de los muertos y de los infiernos, esposo de Proserpina, y equivalente latino del dios griego Hades. Plutón ayudó a sus dos hermanos, Júpiter y Neptuno, para derrocar a su padre, Saturno.
Al dividirse el mundo entre ellos, Júpiter escogió la tierra y los cielos como reino; Neptuno se convirtió en el soberano del mar, y Plutón recibió por reino el submundo, donde gobernó sobre las sombras de los muertos. Se le consideraba originalmente un dios cruel e inflexible, indiferente a las plegarias y difícil de apaciguar con sacrificios.
En los cultos y creencias populares posteriores se acentuaron aspectos más agradables y benéficos del dios.
La versión romana de Hades, Plutón, era más benigna porque se le consideraba el otorgador de los beneficios ocultos de la tierra tales como los minerales y las cosechas, por lo que también era conocido como “Dis u Orcus”, el dador de riqueza.

POMONA

Diosa romana de los frutos y los vegetales, su nombre procede de pomum, manzana, fruto.
Ella se paseaba por los jardines de su reino cargando un cesto con manzanas que representaban la vida eterna y junto a los pastores encargada de podar, regar, cuidar e injertar los árboles. Muchos dioses campestres intentaron desposarla, pero ella ignoró a todos cuantos se le acercaban y valló sus jardines con un alto muro. Sin embargo, hubo un dios, Vertumno, que no se resignó a tales desprecios y prometió que se casaría con ella. A tal efecto, se convirtió al mismo tiempo en un pastor, un labrador, un viñador y un segador y se presentó a la puerta de su casa pero no fue recibido por Pomona.
Finalmente, cuando el dios se convirtió en amable anciana y fue accesible para Pomona la convenció, con su elocuencia, de la conveniencia de tal boda. Vertumno se transformó a su apariencia normal y se casaron.

SATURNO

Dios romano de la cosecha y la agricultura. En leyendas posteriores se lo identifica con el dios griego Cronos, quien, después de haber sido destronado por su hijo Zeus (en la mitología romana, Júpiter), huyó y se instaló en el Lacio, Italia, donde gobernó durante la llamada edad de oro, un tiempo de paz y felicidad completa, periodo en el cual enseñó la agricultura a la gente. Algunos dicen que tenía más en común con la diosa Demeter.
Durante las fiestas llamadas saturnales, cada 17 de diciembre se rememoraba la edad de oro durante siete días. Todas las actividades se suspendían y se postergaban ejecuciones y operaciones militares. Era un periodo de buena voluntad, dedicado a los banquetes y al intercambio de visitas y regalos.
Un rasgo particular de este festival era la libertad que se daba a los esclavos, quienes durante este tiempo ocupaban el sitio preferencial en la mesa familiar y eran servidos por sus amos.

SILVANO

Dios de los campos sin cultivar y de las selvas, protector del ganado y de los rebaños.
Originalmente una divinidad sin nombre a la que se aludía con el adjetivo silvanus (en latín “que vive en un bosque”), fue identificada más tarde con los dioses pastoriles Pan y Fauno.

SUEÑO

Dios del sueño, hijo de la Noche y hermano gemelo de la Muerte.
Su morada estaba en una oscura cueva en el lejano oeste, donde nunca brillaba el sol y todas las cosas estaban sumidas en el silencio.
Lete, el río del olvido, corría cerca de la cueva, y junto a él crecían amapolas y otras plantas de cualidades narcóticas.
Sueño tenía poder sobre dioses y sobre mortales y es representado a menudo como un joven durmiente que sostiene un tallo de amapola.

TÉRMINO

Protector de las señales y lindes de los campos. Los labradores celebran todos los años, el 23 de febrero, las Terminalia.

VENUS

Originalmente diosa de los jardines y de los campos, pero después identificada con Afrodita, la diosa griega del amor y la belleza. A la perfección de su figura y la pureza de sus características, ella añadía un ademán inocente. En su dulce cara siempre tenía una sonrisa. Venus es identificada también como la diosa del deseo; por eso es posible que el origen de este nombre esté en la raíz sánscrita “van”, que significa precisamente deseo, y que da lugar al verbo de movimiento “venire”, con el que también se asocia este nombre. En la época imperial, era venerada bajo diferentes aspectos: como Venus Genetrix, se identifica con la madre del héroe Eneas, el fundador del pueblo romano; como Venus Felix, es la portadora de buena fortuna; como Venus Victrix, la portadora de victoria; y como Venus Verticordia, la protectora de la castidad femenina.
Venus era la mujer de Vulcano, dios de la forja de los metales, pero a menudo le era infiel. Entre sus muchos amantes estaba Marte, el dios de la guerra; el bello pastor Adonis, y Anquises, padre de Eneas. Era también la madre de Cupido, dios del amor.

VESTA

Diosa del hogar, venerada en un ámbito doméstico como una divinidad casera.
El santuario público más importante dedicado a Vesta era su templo redondo en el Foro romano, cuyo fuego, según se decía, lo había llevado desde Troya Eneas, el legendario fundador de Roma. El santuario era símbolo de la seguridad de la ciudad y lo custodiaban permanentemente seis vírgenes vestales, sacerdotisas que conservaban encendido el fuego y que servían durante periodos de treinta años sometidas a severas reglas.
A principios de junio de cada año se celebraban fiestas en honor de Vesta, llamadas Vestalia. En cuanto a su imagen, la diosa era asociada con las llamas de su fuego y es representada con una larga túnica y la cabeza cubierta por un velo. En las manos sostiene una lámpara o una antorcha, pero también puede empuñar un dardo o llevar el cuerno de la abundancia. Su equivalente griega era Hestia.

VULCANUS

Esposo de Venus e hijo de Júpiter y de Juno. Su nombre del latín, Volcanus, “Volcán”, dios del fuego y el protector de los herreros. Vulcano se identificaba con l dios griego Hefesto en el periodo clásico. Sus fiestas en Roma, las Vulcanalia, se celebraban el 23 de agosto. Venerado especialmente en Ostia, cerca de Roma, donde se le rendía el principal culto. Es representado con bonete puntiagudo y herramientas de herrero (martillo y tenazas).

III.II. los templos y el culto a los muertos.

Los Templos

El templo romano, era un lugar de culto a los dioses en la Antigua Roma. A través de los años fue modificando su estructura que en su origen tenía una base entre la cella o templo etrusco y el pórtico de columnas del templo griego.

Origen

Basicamente es originario de las ideas conjuntas entre los templos etrusco y griego con planta rectangular y que difiere en el orden toscano descrito por Vitrubio que era cuadrado sobre un zócalo al que se accedía por una escalera anterior o podium.

Diferencias

No todos los templos romanos siguen la misma estructura sino que dependiendo de la zona pueden variar en su estructura, sobre todo en Oriente.

Los de planta rectangular son los más comunes como el Templo de César en el foro de Roma levantado en el lugar donde se incineró su cuerpo. Poseía un podium que en la parte delantera miraba al foro y formaba una tribuna. A través de dos escaleras se ascendía al templo hexástilo y próstilo.

También se conserva en perfecto estado la Maison Carrée en Nimes, hexástilo y pseudo-períptero corintio que data del año 16 a. C. La obra fue patrocinada por Agripa en honor de su suegro Augusto, su esposa Livia y sus hijos Cayo y Lucio.

Maison Carrée, templo típico de época romana, en la ciudad de Nimes (Francia).

Otro tipo de templo es el de planta circular como los templos de Vesta que tienen similitud con las antiguas cabañas romanas. Otro claro ejemplo de planta circular es el templete de Baalbek, con pronaos tetrástilo pero destaca sobre todo el Panteón de Agripa. En él puede leerse:

«M.AGRIPPA.L.F.COS.TERTIVM.FECIT».

«Marco Agrippa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, (lo) hizo».

Esta es la inscripción que puede leerse en el friso del pórtico de entrada. Atribuye la construcción del edificio a Marco Vipsanio Agripa, amigo y general del emperador Augusto. El tercer consulado de Agrippa, nos indica el año 27 a. C. Además, Dión Casio lo encuadra[1] en las obras realizadas por Agrippa en la zona de Roma conocida como el campo de Marte en 25 a. C. En tiempos de Adriano el edificio fue enteramente reconstruido, su nombre no aparece en las inscripciones debido al rechazo de este emperador a que su nombre figurase en las obras llevadas a cabo bajo su mandato. La inserción de una amplia sala redonda adosada al pórtico de un templo clásico es una innovación en la arquitectura romana. El modelo de espacio circular cubierto por una bóveda se había utilizado por la misma época en las grandes salas termales, pero era una novedad usarlo en un templo. El efecto de sorpresa al cruzar el umbral de la puerta debía ser notable. La construcción de una cúpula semiesférica sobre un tambor circular, era típico de la arquitectura de la época.

Otros capitolios se han hallado en Timgad (Argelia), Pompeya, Sbeitla (Túnez), y otros lugares del Imperio.

Otros tipos de arquitectura en los templos romanos se pueden observar con rasgos orientales como los de Cibeles, Isis y Sarapis además de los realizados en el Mar Mediterráneo dedicados a Mitra, con instalaciones para el sacrificio del toro y todo tipo de figuras relacionadas con el toro y el dios. Además en África podemos observar el templo de Juno Celestis (Tanit) en Dugga (Túnez).

El culto a los muertos

Los romanos no colocaban las tumbas en un lugar tranquilo y solitario, sino a orillas de las calzadas a la salida de las ciudades, donde los transeúntes podían contemplarlas y admirarlas. En Pompeya todavía podemos contemplar las tumbas a lo largo de las calzadas que salían hacia el norte desde la Puerta de Herculano y hacia el sur desde la de Nuceria.

Algunas eran grandiosas e impresionantes y parecían casas en pequeño; otras eran mucho más sencillas. Era una costumbre corriente decorarlas con guirnaldas de flores y colocar ofrendas de vino y comida delante de ellas.

El que enterraran a los muertos en las orillas de sus concurridas calzadas, en lugar de en cementerios tranquilos, no era por parte de los romanos una muestra de falta de respeto hacia aquéllos. Al contrario, creían que, si los muertos no eran debidamente enterrados y cuidados, sus espíritus se les aparecerían y les llegarían a causar daños. Era muy importante proporcionar al difunto una tumba o un sepulcro, donde su espíritu pudiera tener una morada. Pero también se pensaba que el muerto quería estar cerca de los vivos. Hay una tumba que tiene una inscripción: “Veo y contemplo a todo el que va y viene de la ciudad”, y otra que dice: “Lolio ha sido colocado al borde del camino para que todos los transeúntes puedan decirle ‘Buenos días, Lolio'”.

Se creía que su actividad vital continuaba en cierta manera y por tanto había que abastecerlo de las cosas que necesitara. Un cazador querría tener su lanza, un agricultor sus aperos, y una mujer su huso. Si el muerto era inhumado, sus objetos personales eran enterrados con él; si era incinerado, se quemaban también con él.

Un escritor griego llamado Luciano cuenta la historia de un marido que había quemado en una pira funeraria todas las joyas y todos los vestidos de su esposa difunta, para que los pudiera tener consigo en el otro mundo. Una semana más tarde, cuando estaba intentando consolarse con la lectura de un libro sobre la vida en el más allá, se le apareció el espectro de su esposa. Ésta comenzó a reprocharle que no hubiera incinerado una de sus sandalias doradas, que, según decía ella, estaba debajo de un cofre. El perro de la familia comenzó a ladrar y entonces el espíritu desapareció. El marido miró debajo del cofre, halló la sandalia y la quemó.

Se pensaba también que los espíritus de los muertos tenían hambre y sed y por tanto había que proporcionarles bebida y comida. En la tumba se colocaban con regularidad ofrendas de huevos, judías, lentejas y vino. A veces se abrían agujeros en las tumbas para poder echar vino dentro. Se ofrecía vino porque era un sustituto apropiado de la sangre, la bebida favorita de los muertos. No obstante, durante el funeral y en ocasiones especiales se sacrificaban animales y se hacía una ofrenda con sangre.

Con todo, se pensaba que a pesar de esas tentativas por cuidar de ellos, los muertos no llevaban una existencia muy feliz. Para ayudarles a olvidarse de esa infelicidad, sus tumbas se adornaban frecuentemente de flores o eran rodeadas de jardincillos, costumbre que ha perdurado hasta nuestros días, aunque haya cambiado su significado original. Con éste mismo fin, la familia y los amigos del difunto celebraban un banquete después del funeral y en el aniversario de su muerte. Unas veces estos banquetes tenían lugar en un comedor adosado a la tumba misma, otras en el hogar de la familia. Se creía que los espíritus de los muertos prestaban atención a estos acontecimientos festivos y disfrutaban con ellos.

Había también algunas personas que creían en un mundo de ultratumba donde los malos sufrían castigos por las malas acciones cometidas durante su vida y donde los buenos vivían dichosos eternamente. Se contaban relatos sobre el castigo sufrido por malhechores famosos como el malvado Titio, a quien unos buitres le desgarraban a picotazos el hígado, y el de las hijas de Dánao (las Danaides), que fueron condenadas a echar eternamente agua en unas ánforas que no tenían fondo.

Las personas que no creían en alguna forma de vida después de la muerte eran pocas. Eran los seguidores de un filósofo griego llamado Epicuro, que enseñaba que, cuando alguien moría, el espíritu que le daba vida se disolvía en el aire y se perdía para siempre. Los hombres, por tanto, no tenían por qué temer el mundo del más allá, y podían dedicar todas sus fuerzas a sacar el mejor partido de éste.

El ritual de un entierro romano

El entierro de un romano de elevada condición económica y social sse caracterizaba por la solemnidad del ritual. Delante de la comitiva fúnebre (pompa), iban los esclavos tocando flautas, trompas y trompetas, los portadores de antorchas, las plañideras profesionales, los bailarines y los mimos.

Ceremonia de un entierro

En los cementerios de las grandes ciudades, solía haber un horno crematorio qu facilitaba las tareas de la incineración. Cuando las llamas se extinguían, las brasas eran apagadas con vino, y los huesos que quedaban se recogían, se untaban con ungüentos perfumados y eran depositados, juntamente con las cenizas, en una urna funeraria. Las urnas funerarias eran unos recipientes con tapadera, de diversas formas y materiales (de plata, plomo, vidrio, cerámica, etc.)

Diferentes tipos de enterramientos de los romanos

Sobre la vida de ultratumba, los romanos tenían unas creencias que coincidían en gran parte con las de los griegos.

Hasta el siglo II de nuestra era, en que se generalizó la inhumación de los cadáveres, la forma de enterramiento más usual fue la incineración. De hecho las dos formas coexistían, pero generalmente la inhumación era reservada a la gente pobre y los esclavos, mientras que la incineración estaba reservada a los miembros de familias nobles o acomodadas.

Incineración e inhumación

Las tumbas más lujosas eran sepulcros monumentales, o mausoleos en forma de templo,  de torre o de casa.  Las  tumbas más modestas eran las fosas comunes, las individuales y los columbarios. Encima de las fosas individuales podía haber diversos tipos de monumentos funerarios:

  • una estela o una piedra con el nombre del difunto;
  • un pedestal con la dedicatoria correspondiente;
  • un ara en cuyo interior se guardaba la urna funeraria;
  • una copa de piedra en forma de baúl o hecha de tejas cubiertas de mortero imitando la misma forma. A veces, un agujero en el exterior del sepulcro comunicaba con la cavidad interior y se utilizaba para echar ofrendas que simbólicamente consumía el difunto.

Los columbarios eran criptas excavadas en la piedra viva, o construidas de obra, en cuyo interior había nichos u hornacinas parecidos a los nidos de un palomar. Ahí se colocaban las urnas cinerarias.

A principios del siglo II d.C., la incineración de los cadáveres fue progresivamente sustituida por la inhumación. Esto hizo que, en lugar de utilizar urnas funerarias, se extendiera la costumbre de enterrar a los muertos en cajas de madera o de piedra, de las que derivaron los sarcófagos esculpidos que, por otro lado, ya se conocían en el área del mundo helenístico y en Etruria. Los sarcófagos normalmente formaban parte de monumentos funerarios, construidos junto a las vías romanas.

Los temas de su decoración se referían simbólicamente a la muerte, que era interpretada como una violación o un rapto que sufre la vida. Más adelante, esta decoración se redujo hsta generalizarse unos surcos ondulados (strigiles) por toda su superficie. De aquí proviene el nombre de sarcófagos estrigilados. Con la implantación del cristianismo, juntamente con la técnica anterior, se incorporan a los sarcófagos relieves con escenas inspiradas en la Biblia o en los Evangelios.

Otras formas de enterramiento más modestas y sencillas pueden sustituir a los sarcófagos; por ejemplo, las cajas hechas con losas de pizarra, con tejas usadas o con ánforas reutilizadas. Los enterramientos hechos con tejas formaban una caja de sección triangular. Las tegulae, o tejas planas con los bordes levantados,  estaban unidas mediante imbrices, o tejas acanaladas, para evitar filtraciones por las junturas de las tejas planas. Las sepulturas hechas con ánforas, a las que se les rompía el cuello, eran usadas especialmente para los cadáveres de niños. Si se empleaban para guardar los restos de adultos, tenían que incrustarse varias de ellas, unas con otras, hasta conseguir la longitud necesaria del cadáver que había que sepultar.

Las inscripciones funerarias de los romanos

Muchas de las inscripciones funerarias de los romanos empezaban con una invocación a los dioses Manes, o espíritus de los muertos. Efectivamente, en muchísimas inscripciones se encuentra la abreviatura D.M.S., es decir, Dis Manibus Sacrum (“Consagrado a los Dioses Manes”). Es raro que figure el día de la muerte, pero acostumbra a indicarse la edad del finado, a veces incluso con especificación de los meses y los días. Además del nombre del difunto suele aparecer el nombre del familiar que encarga la lápida. Casi siempre se encuentra una expresión afectuosa para con el difunto: queridísimo, benemérito, etc. Jamás aparecen los deseos de la persona enterrada, hecho que demuestra la poca fe que tenían en una vida futura. Normalmente están grabadas las iniciales H.S.E., -Hic Situs Est- (“aquí está enterrado”), o S.T.T.L., -Sit Tibi Terra Levis- (“que la tierra te sea leve”).

El hecho de que incluso las personas más humildes deseasen poseer una sepultura y unas exequias dignas provocó, en todo el imperio, la aparición de asociaciones que tenían como fin primordial recoger un fondo común a base de pequeñas cuotas mensuales para sufragar los gastos del entierro y de los funerales de cada asociado.

Catacumbas de Roma.

IV. La Vida cotidiana

IV.I. La domus

La domus era la casa unifamiliar romana de familias con cierto nivel económico, cuyo cabeza de familia llevaba el nombre de dominus. La erupción del Vesubio en el 79 d.C. que sepultó Pompeya ha conservado muchas de ellas en un magnifico estado y ha permitido a los arqueólogos realizar estudios sobre su arquitectura.

Tras acceder a la casa por un vestíbulo de reducidas proporciones se llegaba al atrio a través de las fauces, elemento característico de la domus, cubierto y con una abertura central llamada compluvium por la que entraba el agua de lluvia que se recogía en el impluvium. El atrio constituía el centro de la vida doméstica, en él se exhibían las estatuas de los antepasados (imagines maiorum) y se hacían ofrendas a los dioses protectores del la domus en el lararium. También tenía lugar en el atrio la salutación a los dueños de la casa. El tablinum (anexo al atrio) era una especie de archivo. Los [triclinio] (triclinium) eran estancias donde se celebraban cenas y se dedicaban al reposo, los comensales se recostaban sobre los klynai. Los dormitorios se denominan cubiculum. Otras estancias eran la coquina (cocina) y los baños. También existían bodegas subterráneas. A partir del siglo II a. C. comienzan a construirse los peristilos, debido a influencia griega. Eran patios ajardinados rodeados de columnas, éstos irán ganado protagonismo en detrimento del atrio, que pierde su función el siglo I d. C.

Origen

El término domus es muy antiguo, se remonta a una etimología indoeuropea (dom-), la cual designaba a la familia de tres generaciones, y tiene su origen en en la raíz dem-, construir.

Su forma arcaica es conocida por las urnas funerarias encontradas en las necrópolis del antiguo Foro Romano, las cuales tenían forma de una cabaña redondeada con una única habitación. Les vestigios de encontrados en el Monte Palatino y datados en el siglo VIII d. C. confirman este planta arquitectónica tan modesta.

La influencia etrusca de finales del periodo de la monarquía romana ve nacer la domus con una estructura rectangular y con varias habitaciones. Sin embargo la morada permanecía con un estilo rústico, como testimonia la designación de la casa por la palabra hortus (huerta en latín) utilizada en la Ley de las Doce Tablas,[ ]y que se traduce en la relación aún estrecha entre la vivienda y su jardín cerrado.

Evolución

Urna funeraria en forma de cabaña arcaica.

Una de las casas más antiguas es la denominada “Casa del Cirujano (Chirurgo)” en Pompeya del siglo IV a. C. Con un atrio tipo toscano y una disposición atrio-tablinum. A comienzos del siglo II a. C. el peristilo (peristylum) se convierte en el centro de la actividad social de sus habitantes. Un ejemplo de esta época es la Casa del Fauno de Pompeya. Las domus comienzan a ser cada vez más suntuosas y se construyen varios triclinia (triclinios) alrededor del peristilo. El salón de reuniones columnado, oecus, cubierto por bóvedas aparece en el siglo I a. C. y con él se multiplican las estancias dedicadas al ocio que ahora se distribuyen en torno al peristilo en lugar de en torno al atrio, que pierde protagonismo. Aparecen los mármoles para decorar las estancias principales y el hipocausto que calienta las habitaciones de la casa y permite la construcción de termas.

En el siglo I aparecen impresionantes casas cuyos peristilos con fuentes, grandes jardines e incluso lagos artificiales son sitios para el paseo y la tertulia. Ya en época altoimperial se transforma el peristilo, quedando éste abierto y con una fuente monumental en su centro. Las grandes ventanas y habitaciones para banquetes son características de ésta época a la que pertenece la Casa di Amore e Psiche en Roma.

IV.II. Los edificios públicos

En todas las ciudades se han dedicado unos tipos de construcciones de grandes dimensiones a usos públicos, que los romanos toman de los griegos.

La civilización romana daba una especial importancia a los edificios públicos. Se crearon unos edificios públicos con  funciones variadas como:

- Columnas

- Los arcos de triunfo

-Calzadas

-Acueductos

-Puentes

-Termas

ARCO DE TRIUNFO:

Es un monumento construido para conmemorar una victoria militar, aunque se usó para festejar a un gobernante. El arco de triunfo clásico es una estructura autónoma, bastante separada de las puertas o murallas de la ciudad.

La forma más simple de un arco es dos pilastras macizas unidas por un arco, rematadas por una superestructura ático en la que puede estar una estatua o inscripciones, debía estar decorada con figuras femeninas (ángeles), los cuales ocupan los triángulos. Los arcos de triunfo más elaborados tienen otros arcos secundarios.

Estos arcos de triunfo que conservamos actualmente como símbolo de algunas ciudades importantes se inspiraron en los arcos de triunfo romano.

La tradición se remonta a la Antigua Roma y se relaciona con la costumbre del Senado de celebrar triunfos romanos.

• El primero fue dedicado a Lucio Estertinio (196 a.C.).Plinio el Viejo, en el siglo I, los describe como monumentos sin importancia.

• En el siglo II los arcos se construían para celebrar acontecimientos.

Cada vez se fueron haciendo más elaborados a lo largo de los siglos. Al principio muy simples con puertas de entrada a la ciudad, construidas en ladrillo o piedra con un arco semicircular. Los posteriores se construyeron con mármol de alta calidad, con un gran arco central en el medio.

COLUMNAS

Es una pieza arquitectónica vertical y de forma alargada que sirve para sostener el peso de la estructura, también puede tener fines decorativos. Su sección es circular pero cuando es cuadrangular suele denominarse pilar, o pilastra si está adosada a un muro.

La columna clásica está formada por tres elementos:

Basa, parte inferior de la columna, su fin es servir de  apoyo al fuste.

Basa de una columna.

Fuste, cuerpo principal de la columna entre la basa y el capitel.

Fuste estriado de columna.

Capitel, como su propio nombre indica, pues procede de la palabra latina caput, capitis “cabeza”,  es la parte superior de la columna.

Los órdenes arquitectónicos clásicos son tres : dórico, jónico y corintio y con ellos se intentaba obtener edificios de proporciones armoniosas en todas sus partes.

COLUMNA DÓRICA:.

El orden dórico es el más antiguo y más robusto, se utilizó en Grecia en el siglo VII a. C. y en el sur de Italia. El Partenón de la Acrópolis fue construido con este tipo de columnas.

COLUMNA JÓNICA.

El orden jónico es el segundo en aparecer, lo hizo en el siglo VI a.C. Es más esbelto que el dórico.

Este orden lo encontramos en el templo Erecteion de la Acrópolis.

COLUMNA CORINTIA

Orden más elegante y esbelto, pertenece al siglo IV a. C.

Las columnas del teatro de Mérida son de orden corintio.

ACUEDUCTOS

La palabra acueducto proviene del latín aquae ductus “conducción de agua”. El acueducto es el sistema por el cual se permite transportar el agua desde un río, fuente, pantano… hasta la ciudad.

Los romanos daban gran importancia a todo lo que era el abastecimiento del agua, desagües… para ello tomaron las técnicas propias de los etruscos.

La mayor parte del recorrido del acueducto se hacía por canales cubiertos de cerámica, plomo  o piedra, que se construían por las laderas de los montes, siguiendo la línea de pendiente deseada y cada cierto tiempo se situaban pequeños depósitos que servían para regular el caudal o depurar la arena que pudiera arrastrar el agua.

A pesar de lo que puede parecer los acueductos eran subterráneos pero frecuentemente se debían salvar desniveles del terreno y para ello se construían los puentes, que son la parte más visible de la obra.

Consistían en un canal con las paredes impermeabilizadas.

Los romanos construyeron los acueductos más importantes en tamaño, así como en mayor cantidad, en todos sus territorios. El agua pasa de forma controlada a la conducción desde un depósito de cabecera (caput aquae).

ACUEDUCTO DE PONT DU GARD:

El acueducto que está en España que es romano y es más antiguo es el de Las FERRERAS en Tarragona:

PUENTES

Tienen su origen en la misma prehistoria. El primer puente de la historia fue un árbol que usó un hombre prehistórico para conectar las dos orillas de un río. También utilizaron losas de piedra para arroyos pequeños cuando no había árboles cerca. La base del puente era un arco profundo. Este modelo de puente ha durado hasta el siglo XX.

Los siguientes puentes fueron arcos hechos con troncos o tablones y con piedras, usando un soporte simple y colocando vigas.

El puente romano es el complemento necesario a las calzadas, ya que sirven para salvar un río. Los puentes romanos se construyen con arcos de medio punto. El arco fue usado por primera vez por el Imperio Romano para puentes y acueductos, algunos de los cuales todavía se mantienen en pie.

Cada uno de los arcos que componen un puente recibe el nombre de “ojo”.

Puente de Alcántara, Cáceres.

LAS CALZADAS ROMANAS

Las calzadas romanas son una de las grandes construcciones civiles junto con los puentes y acueductos. Eran utilizadas por las legiones en sus desplazamientos para moverse con rapidez.

Via Appia, Roma.

El trazado de muchas autopistas de la Península Ibérica sigue el trazado romano, por ejemplo la Vía de la Plata, que une Sevilla con Astorga, en León.

Para señalizar las distancias (en miles de pasos) en las calzadas colocaban miliarios, con forma de gran piedra o columna.

Miliario romano s. I d. C. de la carretera de Bracara Augusta

En el siguiente dibujo observamos la construcción de una calzada romana donde se pueden apreciar sus diferentes estratos.

LAS TERMAS

Fueron una adaptación de los gimnasios griegos pero con un nuevo sistema de calefacción, doble suelo por el que corría aire caliente (hypocaustum).

Detalle de hypocasutum de las termas de Vaison- la- Romaine, Francia.

Constaban de una serie de estancias características:

-“caldarium” o piscina de agua caliente

-“frigidarium” o piscina de agua fría

-“tepidarium” o estancia de temperatura tibia.

Las termas romanas eran baños públicos con estancias reservadas a actividades lúdicas o gimnásticas. Cumplían una función social, servían para la higiene de los que no podían tener un baño en casa, sino por ser centro de reunión, sala de ejercicios, etc.

En las villas romanas que poseían baños privados se denominaban balnea.

Conservados actualmente tenemos las Termas de Caracalla en Roma, eran unas gigantescas instalaciones que cabían mil personas. Se decoraban con pintura al fresco y mosaicos.

IV.III. La Vestimenta y el calzado

La Vestimenta (la toga)

La toga fue una vestimenta distintiva de la Antigua Roma consistente en una larga tela de alrededor de 6 metros de longitud. Se portaba enrollada alrededor del cuerpo de una manera especial, generalmente colocada sobre una túnica. La toga era hecha de lana,[1] y la túnica bajo esta era por lo general de lino. Los ricos la llevaban de lana muy fina y blanca salvo en casos de luto, y los pobres de lana burda y oscura.

Los cónsules, pastores y triunfadores la usaban con rayas de colores diversos y bordado de oro. Cuando estaban de luto o durante períodos de calamidad pública los romanos cambiaban la toga blanca por una de color negro o gris intenso. Todo ciudadano romano usaba la toga, excepción hecha de los criminales que habían sido condenados.[2] En la mayor parte de la historia de Roma, la toga fue usada exclusivamente por hombres, mientras que las mujeres usaban la estola. Los ciudadanos no romanos tenían prohibido usar toga.

Tipos de toga:

  • Toga plamata o picta. Era la toga enriquecida con primorosas labores y recamos de oro que usaban el cónsul en el día de triunfo y el cónsul y los pretores al presidir los juegos del circo.
  • Toga praetexta. Era la toga adornada con una franja de púrpura distintivo de los mancebos libres de nacimiento y de los dictadores, pretores, ediles y algunas otras personas instituidas en dignidad.
  • Toga viril. La que tomaban los hijos de los ciudadanos romanos cuando dejaban la pretexta. Por lo general, empezaban a usarla a los dieciséis años y desde entonces, eran aptos para ejercer los cargos de la república.[

Actualmente, la toga es una vestimenta de color negro utilizada en ciertos países en los juzgados, por los jueces, fiscales y abogados y procuradores.

Igualmente En las Graduaciones a partir del grado de secundaria o su equivalente local los alumnos por salir de una generación la usan en la ceremonia final.

El calzado (la sandalia)

El calzado más común entre los romanos era la sandalia (solea) atada con unas correas (corrigia) constituyendo el conjunto la caliga. Pero se usaba también el calceus, especie de zapato con algunas variedades y que llevaban los senadores y otros magistrados (éstos, de color rojo y aquéllos, negro) y el campagnus o bota más grande, propia también de nobles. El coturno estaba de uso entre los romanos, lo mismo que entre los griegos.

Tipos de calzado:

  • Sandalia griega denominada solea romana que llevaban tanto hombres como mujeres
  • Para los que vestían toga el calceus con mas decoro que cubría todo el pie
  • Las sandalias se articulaban para entrelazarse y cuyo complemento era una especie de media que solía ir adornada con cabeza de animales de metal repujado
  • Los calzados se adoranaban tambien con algun emblema o figura de marfil o metal o sujetarse sus correas con alguna fibula
  • Las botas senatoriales romanas que subían hasta la pantorrilla e iban adornados con una media luna
  • Conturnos los actores
  • Gente pobre de madera como los zuecos
  • Calzado militar:
  • La sandalia lujosa que servía de complemento en el traje guerrero de algún emperador
  • Caliga calzado muy sólido y cerrado era el propio del soldado romano, especie de sandalia guarnecida de clavos que usaban los soldados romanos y centuriones, zapato alto y cerrado con clavos de cab. gruesa y puntiaguda ha la cual estaba cosido un trozo de cuero en el que se habían hecho varios recortes, dejando solamente tiras que dejaban descubiertos los dedos y denudo casi todo el pie viniendo a sujetarse sobre el tobillo.
  • Caliga speculatoria propia de los exploradores, descubridores, tropas ligeras de descubrir y obsevar al enemigo eran más ligeras que las demás tropas.
  • En epoca de Diocleciano calicae equestre botina formada por correas.
  • Correas y bandas entrelazadas sobre el empeine y el tobillo y que generalmente subian hasta media pantorrilla los tíbiales y otros más arriba farcie feminales
  • Clavos que guarnecían las suleas del calzado Juvenal se queja del daño que le había causado un soldado que le piso por descuido
  • Calceos que era un borceguí alto adornados sobre la garganta del pie con una media luna de marfil negro y el calceus senatorius por oposicion al calceus patricius o mullens cuero rojo y de gruesa suela semejante al contorno

IV.IV. Los Mosaicos

Cuando los romanos fueron conquistando a lo largo del siglo II a. C. las regiones de Grecia y de Asia Menor, la obra de mosaico era ya común en todo el mundo de habla griega. El arte del mosaico pasó con facilidad al orbe romano comenzando así un género artístico-industrial, del que hicieron una verdadera especialidad. Se extendió de tal forma que puede decirse que no hubo casa o villa romana donde no hubiera mosaicos. Los mosaicos romanos son fáciles de descubrir para los arqueólogos y hasta el momento (año 2004) su número es muy elevado, pero presentan una gran dificultad de conservación. El lugar idóneo parece ser que está en los museos donde el cuidado, la limpieza, temperatura, humedad, etc., se hallan a su disposición, pero el problema está en el espacio que se necesitaría para almacenarlos de manera merecedora.
Los romanos construían los mosaicos con pequeñas piezas llamadas teselas, de ahí que se refiriesen a ellos también como opus tessellatum. Las teselas son piezas de forma cúbica hechas de: rocas calcáreas, material de vidrio o cerámica, muy cuidada y elaborada y de distintos tamaños. El artista las disponía sobre la superficie, como un puzzle, distribuyendo el color y la forma y aglomerándolas con una masa de cemento.
Villa romana de Tejada en Quintanilla de la Cueza (provincia de Palencia)

Los mosaicos eran para los romanos un elemento decorativo para los espacios arquitectónicos. Llegó a ser un arte tan apreciado y difundido que en el siglo III el emperador Diocleciano promulgó un decreto en el que estableció el precio que los artistas podían dar a sus obras, según los grados de calificación previa. Cuando en el año 330 el emperador Constantino trasladó la capital del Imperio romano de Oriente a Bizancio, otorgó bastantes facilidades y favoreció el éxodo a los maestros griegos y romanos fabricantes de mosaicos (llamados mosaistas). En Bizancio el arte del mosaico se unió con la tradición oriental y dio lugar a una evolución que se distinguió sobre todo por el uso muy generalizado de grandes cantidades de oro.

Al principio, cuando el arte del mosaico empezó a desarrollarse en Roma, se hacía sobre todo para decorar los techos o las paredes y pocas veces los suelos porque se tenía miedo de que no ofreciera suficiente resistencia a las pisadas. Pero más tarde, cuando este arte llegó a la perfección, descubrieron que se podía pisar sin riesgo y comenzó la moda de hacer pavimentos de lujo. Los mosaicos como pavimento eran para los romanos como puede ser una alfombra persa y de alta calidad en los tiempos modernos.

Dependiendo del tamaño de las teselas, de los dibujos y del lugar de destino del mosaico, los romanos daban un nombre diferente a este trabajo:

  • Opus vermiculatum era de origen egipcio y se hacía con unas piedras muy pequeñitas. Con ellas el artista podía dibujar con bastante facilidad las curvas, las siluetas y toda clase de objetos que pudieran requerir más precisión. Se colocaban las teselas en una hilera continua que seguía las líneas del contorno y del dintorno (límite de las principales partes internas) de las figuras que se quería dibujar. El nombre viene del diminutivo latino vermiculus (de vermis -is, gusano). Lo llamaban así porque las líneas del dibujo recordaban las sinuosidades del gusano.
  • Opus musivum, que se hacía para los muros. Este término empezó a emplearse a finales del siglo III.
  • Opus sectile, cuyos dibujos estaban hechos con piedras más grandes y de diferentes tamaños. La técnica era recortar placas de mármol de diversos colores para componer las figuras geométricas, de animales o humanas. Era un trabajo muy parecido a la taracea. Los mejores ejemplos de este trabajo se conservan en el Palatino de Roma y proceden del Palacio Flavio.
  • Opus signinum, de Signia (en la región del Lacio, en la Italia central junto al mar Tirreno). En este lugar había fábricas de tejas y en ellas se obtenía con los desechos un polvo coloreado que al mezclarlo con la cal daba un cemento rojizo muy duro e impermeable. Este producto se empleó bastante en toda Italia y en Occidente para crear los suelos y como revestimiento de piscinas (estanques para peces), cubas de salazón, aljibes, etc. A veces, para darle más consistencia se añadían a la masa guijarros y piedras machacadas.

Distinguían además entre la obra de musivum (mosaico) y la de lithostrotum (λιθoστρωτoν), literalmente “pavimento de piedra” en sentido general. Se llamaba así al pavimento de una vía o camino, de una plaza abierta o de un foro, o al del suelo de algún edificio (como el del Partenón de Roma, hecho en porfirio).

Se daba a la obra este nombre de lithostrotum cuando el material consistía en piedras naturales de formación volcánica (sílex) y mármoles de diferentes colores. Los bloques para la construcción eran poligonales.

Fabricación de pavimentos

El mosaico romano es considerado como una pintura hecha de piedra. Es un arte que vive de la pintura en cuanto a temas se refiere. Los asuntos de un mosaico no tienen identidad propia, son los mismos que pueden encontrarse en la pintura, pero se diferencia de ella en que la perspectiva es falsa y forzada. Su inspiración está en los dibujos de los tapices de los tejidos y de la obra pictórica.

Para fabricar un pavimento hecho de mosaico seguían una serie de pasos que con el tiempo se fueron perfeccionando. El lugar de fabricación era un taller especial. Allí lo primero que se hacía era diseñar el cuadro y este trabajo tomaba el nombre de emblema (palabra esdrújula), voz tomada del griego que viene a significar “algo que se incrusta en”. Después de haber diseñado el cuadro se hacía una división de acuerdo con el colorido. Se sacaba a continuación una plantilla en papiro o en tela de cada una de esas parcelas divididas y sobre dicha plantilla se iban colocando las teselas siguiendo el modelo escogido con anterioridad. Las teselas se colocaban invertidas, es decir la cara buena que luego se vería tenía que estar pegada a la plantilla. Cuando este trabajo estaba terminado, los expertos lo transportaban in situ para que el artista concluyera allí su obra.

Pero antes de colocar las teselas había que preparar bien el suelo para recibirlas. Esta era una labor muy importante que requería experiencia y habilidad. En primer lugar se allanaba hasta conseguir que fuera horizontal pero con una inclinación suave y calculada que facilitase el deslizamiento del agua hacia los sumideros. El suelo tenía que ser firme y estable pues una leve rotura de una sola tesela podía conducir a la degradación de toda la obra. Los eruditos y arqueólogos encontraron un claro ejemplo de cómo se podía llevar a cabo esta construcción en el famoso mosaico de Alejandro Magno encontrado en la Casa del Fauno en Pompeya (Nápoles, Italia). El firme para recibir finalmente las teselas estaba así constituido (de abajo arriba):

  • Suelo natural acondicionado
  • Mortero mezclado con polvo de teja y carbones
  • Fragmentos de teja
  • Capa de mortero
  • Teselas del mosaico

IV.V. La esclavitud

La esclavitud en la Roma Antigua constituía una de las características de la sociedad romana. A lo largo de toda la historia del Imperio romano y su dominio sobre el Mediterráneo, Europa, África y Asia, la sociedad romana fue esencialmente esclavista, y tanto su economía como su estructura social se basaba en un sistema de clases donde el esclavo constituía el escalón más bajo de la sociedad.

Orígenes

La mayoría de los esclavos en la antigua Roma se adquirían a través de las guerras, los ejércitos romanos llevan los prisioneros de vuelta como parte de la recompensa de la guerra.

Delante del templo de Pietas, estaba la columna lactaria, donde eran depositados los bebés abandonados para que alguien los adoptara. Esto casi nunca ocurría, sino que los recogían personas que los convertían en esclavos si eran hombres, y en prostitutas si eran mujeres. Los niños inútiles, deformes o débiles eran eliminados. El niño adoptado tomaba el apellido del nuevo padre. Cuando una esclava tenía un hijo, era responsabilidad de su amo aceptarlo en la familia. Que lo matara si no era aceptado no estaba mal visto, aunque más tarde pudo llegar a tener un tipo de reprobación moral.

Condición de esclavos, derecho y manumisión

Los esclavos de ciudad solían tener familia y una gran autonomía. Podían lograr la libertad o manumisión de diferentes formas:

  • Con su propia muerte – bastante irónico – cuando lo liberaban para que tuviera un entierro de hombre libre.
  • Con la muerte de su amo, en cuyo testamento solían liberar a sus esclavos como muestra de generosidad. Cuando eran liberados de este modo, se les dejaba alguna propiedad o dinero.
  • Comprando su libertad, ya que después de haber pasado años de intermediario de su amo en los negocios, podían ganar un peculio.
  • Por declaración ante un magistrado. Amo y esclavo defendían su libertad ante un magistrado. Si era aceptada, se le ponía un bastón en la cabeza como señal de su libertad

Muchos emancipados permanecían en sus casas haciendo las mismas labores, aunque con mayor dignidad.

Los esclavos eran propiedad absoluta de su dueño. Carecían de personalidad jurídica, de propiedad y hasta de familia propia, porque su matrimonio, aún conseguido con el permiso del amo, se consideraba un simple concubinato, y los hijos eran propiedad del amo. Los esclavos domésticos eran recibidos con una ceremonia, y se les purificaba echándole agua sobre su cabeza.

Ayudaban al amo a ponerse la toga, pues era una labor de gran complicación. Eran los encargados de recibir a los invitados, recogerles la toga y los zapatos y ofrecerles un baño caliente o un lavado de pies. Los más guapos y de mejores modales servían la comida vestidos de colores vivos, que contrastaban con sus cabelleras, con las que a veces sus amos se secaban. Los más agraciados servían el vino y cortaban los manjares mientras que los que limpiaban los platos y recogían las mesas iban peor vestidos. A cada invitado se le adjudicaba un esclavo servus ad pedes que permanecía a sus pies. Los que nacían como esclavos y eran educados, formaban una clase privilegiada entre la servidumbre. No se les permitía entrar a representaciones teatrales. A los esclavos se les adjudicaban las tareas de acuerdo a su nivel cultural.

A los esclavos se les podía poner un collar con una placa en la que se leería tenemene fucia et revo cameadomnum et viventium in aracallisti, traducido como “detenedme si escapo y devolvedme a mi dueño”.

El precio de un esclavo nos llega a través de Catón, y sabemos que era de promedio unos mil quinientos denarios, precio que subió a lo largo del siglo II a. C. hasta alcanzar los veinticuatro mil sestercios.

Algunos esclavos tenían la consideración de hombres libres, bien por la humanidad de sus amos o por el trabajo intelectual que desarrollaban. Esto pasó con los esclavos procedentes de la Antigua Grecia, que en cierto modo el amo consideraba de mayor educación que la suya. Estos eran los que servían como secretarios, administradores o educadores. En el siglo III se redujeron las masas de esclavos y estos empezaron a valorarse casi como hombre libres. El emperador Diocleciano era hijo de un esclavo que había comprado su libertad.

Los libertos fueron a partir del siglo VI según el emperador Justiniano I ciudadanos sin distinción alguna, procedentes de la esclavitud. Si no conservaban los lazos de fidelidad a sus casas eran llamados libertos ingratos. Ejercían mayoritariamente la labor de comerciantes o artesanos, y en menor medida de maestros romanos (ludi magister), gramáticos (encargados de la enseñanza secundaria), banqueros o médicos, que no tenían la remuneración.

La economía romana, como su sociedad, dependían del trabajo de esclavos, que eran fundamentales en los latifundios, minas e industrias. Esta economía aumentó a partir del siglo II gracias a las victorias de Julio César, que puso en subasta a aproximadamente un millón de esclavos durante la Guerra de las Galias (58-51 a. C.) En Delos, llegaron a subastarse hasta diez mil esclavos en un solo día.

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